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Democracia en peligro por déficit ético y moral

Hemos de iniciar afirmando que los principios éticos y morales constituyen el vínculo generador de confianza entre los ciudadanos, el orden social y la democracia siendo una obviedad manifiesta que un déficit de estos valores abona en favor de ensayos políticos no democráticos, habida cuenta que ellos representan el elemento central en la estabilidad del orden económico y social tal y como lo expresó Adam Smith en su libro “Teoría de los sentimientos morales”,  donde analiza las razones por las cuales el individuo desarrolla las capacidades de hacer o no hacer en función de sus valores y creencias; al tiempo de darle primordial importancia a los valores éticos del individuo en aras de procurar el bienestar de la sociedad, al extremo que su ausencia en el desenvolvimiento de las instituciones burocráticas y privadas induce elevada incertidumbre en la ciudadanía en relación a sus posibilidades de poder ejecutar su proyecto de vida, ante la presencia de una sociedad y sistemas políticos de baja ética y moral que dificultan la construcción de un mejor porvenir.

La correcta y eficiente acción de gobernar, está condicionada por un proceso de evaluación moral donde subyace la verificación trascendente en cuanto a la obligación de la burocracia estatal de velar con su ejemplo, por la ética y la moral de la sociedad como un todo; so pena que la democracia sea criticada en función a los actos fallidos de sus gobernantes y burócratas hasta tergiversar el eje de la culpabilidad como consecuencia de un populismo proteccionista inducido que en mucho emana alentado con vandalismo y  violencia liderado por la hipócrita izquierda. No por casualidad, se consideró durante mucho tiempo a la economía una rama de la ética; e igualmente se enseñaba en Cambridge como una parte del Diplomado en Ciencias Morales.

Es de resaltar, que los términos ética y moral se identifican con la denominada definición estipulativa (depende de cómo se estipule se van a usar los términos) que precisa el significado según lo entiende una persona determinada o según se entiende en un determinado contexto; a diferencia de la definición léxica que precisa el significado que un término tiene para una colectividad o sociedad. Así expresado, ha de quedar claro que no hay nada en la etimología de las palabras ética y moral que imponga un determinado significado para el uso de cada una de ellas; y en nuestro articulo mucho menos proponemos una distinción siendo que a final de cuentas estos términos suelen ser más o menos intercambiables. 

La palabra ética proviene del griego y tiene dos etimologías que son complementarias: A.- “Habito”, “costumbre”, “estar acostumbrado”; B.- “Carácter”; mientras que la palabra moral proviene del latín con una dudosa etimología vinculada con “costumbre”, “modo” o “practica” de donde proviene “modales”. En síntesis, ética se identifica con el ideal individual de vida autogobernada, mientras que moral se identifica con la observancia de un sistema de normas socialmente impuesto.

En la actualidad, ética hace referencia a la reflexión teórica sobre la moral, siendo la vía para discutir y fundamentar el conjunto de normas que constituyen nuestra moral y está vinculada con el nivel teórico de la reflexión y trata de responder a la pregunta ¿Qué es la moral? habida cuenta que surge de la interioridad de una persona como resultado de su propia reflexión y su propia elección. La moral hace referencia al conjunto de principios, criterios, normas y valores que dirigen nuestro comportamiento, y nos hace actuar de una determinada manera al tiempo que permite saber que debemos de hacer en una situación concreta ya que está vinculada con el nivel práctico de la acción y trata de responder a la pregunta ¿Qué debo hacer? en razón de ser un conjunto de normas establecidas en el seno de una sociedad ejerciendo una influencia muy poderosa en la conducta de cada uno de sus integrantes.

A la luz del contexto descrito, resulta pertinente señalar que uno de los anhelos más grande que la humanidad espera de los sistemas políticos es que se conduzcan éticamente en pro de elevar la “calidad” de la democracia con base en la aplicación de los valores de justicia y necesidad social, con énfasis en impulsar el engrandecimiento y desarrollo del libre pensamiento del ser humano. La democracia requiere nutrirse con la verdad, razón por la cual el sistema democrático de una nación y los partidos políticos ¡tienen que buscarla!; al tiempo de argumentar sus acciones para cumplir con la función democratizadora encomendada constitucionalmente al sistema de partidos, en el entendido que los discursos políticos sin argumento se corresponden con la actuación de un parlanchín de la palabra, soslayando que la política partidista debe convencer a través del argumento ético tanto en la discusión de sus ideas al interior de sus miembros como en su exposición ante la sociedad.   

Es de manifiesta obviedad, que en el contexto de un sistema de partidos se ha de investigar a profundidad las causas que atentan contra el bien común hasta descubrir la solución a cada problema para luego someterlo a un plan de discusión por parte de los diferentes pensamientos internos, previo al debate público de la sociedad antes de su instrumentación a la luz de un estricto sentido de verdad y ética política como apalancamiento de una adecuada convivencia social en pro de fortalecer la democracia y la ¡familia!

Reflexión final: “Una moral sin ética es una abstracción vacía, pero una ética sin moral es ciega y puede ser peligrosa”. (Kant).

Economista Jesús Alexis González

Diciembre/08/2019

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Elevada asistencia social como un socialismo encubierto

En la muy comentada obra, en su mayoría por lectores de pocas páginas, de Carlos Marx El Capital se plateó hace unos 150 años—el primer Tomo se publicó en 1867, y el segundo y tercero fueron publicados por F. Engels en 1885 y en 1894 luego de la muerte de Marx—reemplazar la propiedad privada en favor de la propiedad pública; propuesta que resultó “atractiva” en el siglo XX (especialmente) para un grupo de naciones, con la URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia en rol preponderante en conjunto con otros 27 países , que en su mayoría se fueron “desencantando” al punto que en la actualidad subsisten como comunistas apenas seis (6) países de un total de 194 soberanos—reconocidos por la ONU con autogobierno y completa independencia—es decir un ¡3,01% del total!: Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (entre 1922 y 1991), Corea del Norte (Dictadura socialista desde 1945), República Popular China (Partido único desde 1949 con componentes de economía de mercado en la actualidad),   Cuba (partido único desde 1959), Laos (partido único desde 1975), y Vietnam (partido único desde 1976); los cuales optaron por el socialismo a la luz de regímenes políticos autoritarios y represivos que hicieron  uso intensivo de la violencia; mientras que con posterioridad otros países han asumido la “iniciativa” socialista tales como Venezuela (desde 1999), Nicaragua (desde 1999) y Bolivia (desde 1999 hasta 2019). 

La presunta separación que induce el modo de producción capitalista entre las personas y el producto de su trabajo, fue el argumento que impulsó a Marx para proponer la colectivización (apropiación colectiva por expropiación o por nacionalización) de los medios de producción y de intercambio en pro de eliminar el modo de producción capitalista al extremo de propiciar la supresión del Estado. Es de resaltar, que en El Capital no existe propuesta alguna en torno a un modo de producción colectivista (comunista), habida cuenta que la obra está fundamentalmente orientada a demostrar el colapso del capitalismo, y donde la conceptualización de economías colectivistas no aparece descrita; y en honor a la realidad del año 2019 y en concordancia con la definición de “comunista” bajo el enfoque tradicional marxista-leninista de “economía planificada” solo queda un país comunista: Corea del Norte.

A pesar de la “soledad comunista” arriba reseñada, el denominado Movimiento Comunista Internacional que surgió en 1919 como una de las dos ramas en que se dividió el socialismo mundial (socialdemocracia y comunismo), hoy día amorfo (sin forma definida) e ideológicamente disperso hace uso de “métodos capitalistas” para la acumulación de riqueza y poderío militar (principalmente China y Rusia) con el objetivo primario de desafiar a Occidente fundamentándose en una alianza política, económica y militar conformada por Rusia, China, Vietnam, Cuba y Corea del Norte, que pone énfasis en el antiamericanismo propiciando el acercamiento de cualquier país o movimiento que se “enfrente” a Estados Unidos en pro de “derrotarlo”, como condición para imponer un socialismo o comunismo real sin debatir ideológicamente las complejidades del marxismo, limitándose a intentar destruir conceptual y materialmente los principios del libre mercado. Es así, que algunos países occidentales se han visto forzados por la izquierda mundial (incluida la violencia callejera) a instrumentar políticas económicas de perfil socialista apuntalando la restricción del derecho de una mayoría poblacional a la propiedad privada; e igualmente para fracturar los mecanismos de la libre empresa a través de un inducido intervencionismo estatal “obligado” a instrumentar altos impuestos y frondosa asistencia social hasta perfilar un tipo de “socialismo encubierto” que en realidad termina sufragando el pueblo por la vía impositiva, incremento de la deuda nacional y una insuficiencia fiscal que dificulta adelantar las exigencias en políticas públicas.

A tenor de lo señalado, puede inferirse (extraer una conclusión a partir de hechos) que una elevada asistencia social más allá de lo racional (que obedece a juicios basados en el pensamiento y la razón) constituye en sí misma una forma de comunismo ya que los altos impuestos constituyen en la práctica una nacionalización de los activos privados como una estrategia para la desaparición gradual del sistema de propiedad privada en razón que los ingresos empresariales se “convierten” en activos estatales como resultado de un saqueo de la riqueza ajena sujeta a posterior “redistribución” (usualmente de manera ineficiente y corrupta) en el marco de una legislación emanada en una democracia presionada, amenazada, violentada y solapada. Sirva de referencia, que en los Estados Unidos que cerca del 48% de los ingresos públicos se destinan al seguro social y cobertura médica, siendo que más del 80% de ese dinero proviene de impuestos a la renta personal e impuestos de seguridad social y un 11% de impuestos corporativos; mientras que en América Latina y el Caribe entre 1990 y 2017 los ingresos tributarios como proporción del PIB aumentaron continuamente pasando del 15,5% al 22,6%.

Reflexión final: Un estudio publicado en “The Royal Society Open Science” (abril 2018), concluyó afirmando que vivir bajo el comunismo hace que los países sean más pobres y menos saludables habida cuenta de tener niveles más bajos de salud, ingresos y educación que propicia una baja esperanza de vida. A pesar de ello, la izquierda mundial tiene el cinismo y la osadía de pretender liderar un “plan” universal de asistencia social, cuyo trasfondo es un “socialismo encubierto” que implica, por manifiesta obviedad, una estrategia anticapitalista como forma de supervivencia ideológica que a todas luces está distanciada de un modelo especifico de desarrollo económico-social.

Economista Jesús Alexis González

Noviembre 17/2019   

Venezuela una economía pobre y pequeña con grandes bodegones

El Índice de Miseria en el Mundo (Steve Hanke, Instituto Cato), se sustenta en cuatro indicadores: 1.- La suma de la tasa de inflación; 2.- La tasa de préstamo; 3.-  La tasa de desempleo; y 4.- Crecimiento del PIB per cápita; siendo que en el ranking año 2019 Venezuela y Argentina ocuparon los dos primeros puestos, es decir las dos peores economías del mundo, con el añadido que dicho índice no toma en cuenta lo atinente a pobreza y desigualdad lo cual agrava, sin duda alguna, la evaluación  económica-social de ambos países. De igual modo, Venezuela por cuarto año consecutivo también ocupó el primer puesto en el Índice de Miseria de Bloomberg que mide las perspectivas de inflación y desempleo en 62 países y por tanto fue considerada como la economía más miserable del mundo con una inflación estimada año 2019 de 8.000.000% y una clasificación de1.872 puntos muy por encima de los 40 puntos promedio que reflejan el resto de naciones. 

Desde un ángulo complementario, en el Informe de Libertad Económica 2019 (The Heritage Foundation) que ha evaluado durante 25 años (desde el año 1995) el estado y trayectoria de las libertades económicas en 180 países, entendida como “El derecho fundamental de todo ser humano de controlar los frutos de su trabajo, englobando de manera integral las libertades y derechos de producción, distribución o consumo de bienes y servicios”; e integra cinco variables: A.- Tamaño del gobierno (gasto e ingresos públicos); B.- Sistema Legal; C.- Estabilidad Macroeconómica; D.- Libertad de Comercio Internacional; y E.- Regulación de los Mercados Crediticio, Laboral y Empresarial; al tiempo de clasificar los países, según su puntuación, en Libre (6);  Mayormente Libre (29); Moderadamente Libre (59); Mayormente Controlada (64); y Reprimida (22). Nota: La puntuación entre paréntesis hace referencia al número países ubicados en el año 2019.

El Informe en comento, pone en evidencia que aquellos países en los cuales los agentes económicos privados (individuos-familias y empresas) gozan de mayor libertad económica, y mayor libertad para elegir en decisiones de consumo, trabajo y producción, son al propio tiempo los países que tienen mayores niveles de desarrollo económico y la población se considera ¡mas feliz! A la luz de los indicadores citados, Venezuela resultó el segundo país menos libre del mundo detrás de la República Popular Democrática de Corea del Norte que tiene como régimen político un “Estado Socialista” a través de un partido único (unipartidismo) y un predominio estatal sobre los medios de producción; mientras que en la Región América Venezuela ocupó el primer puesto entre 32 países;  en mucho propiciado por una manifiesta cultura de corrupción que frena la inversión extranjera y el crecimiento del empleo, y a una mala calidad del entorno regulatorio que reprime las intenciones empresariales. El citado Informe, concluye señalando: I.- La propiedad privada y la protección del emprendimiento a través de Estado de Derecho, incentivan el esfuerzo y la iniciativa económica en mayor medida que las ideas colectivistas y socialistas; II.- Los gobiernos que controlan las economías de sus países tienden a empobrecer a sus ciudadanos a la luz del estancamiento de sus economías; III.- La competencia, facilitada por regulaciones eficientes, promueve una mayor productividad y una distribución más eficiente de los recursos, en comparación con una economía centralmente planificada; y IV.- Aquellos países que han adoptado políticas de mercado en aras de facilitar el intercambio, la inversión y el buen funcionamiento de los sistemas financieros se desempeñan mucho mejor que aquellos que aplican políticas proteccionistas

A tenor de la temática expresada, basta con referenciar algunas citas sobre la actual situación económica-social de Venezuela a efectos de dimensionar la hecatombe (suceso trágico) propiciada por la hipocresía socialista. Es así, que la producción de bienes y servicios se ha ubicado a niveles de hace más de ¡70 años! con un signo monetario depreciado que “arrastró” a cerca de un 30% de la población a una situación de pobreza extrema y un estimado de un 60% por debajo de la línea de pobreza; en un contexto de depresión económica (gran disminución sostenida de la producción y el consumo) de, por ahora; ¡28 trimestres consecutivos! (7 años) superando ampliamente la Gran Depresión Mundial que duró en promedio unos 8 trimestres consecutivos (principios de 1929 a finales de los años 30); una reducción del tamaño de la economía del 76% entre el 2014-2018 y una hiperinflación nunca observada a nivel mundial de casi 1.400.000% en 2018 siendo que para 2019 se estima en más de 9.000.000%; y un nivel de producción petrolera año 2019 de apenas unos 650.000 b/d equivalente a lo producido en el ¡año 1927!, y muy inferior a los 3,5 millones de b/d que se producían hace unos 10 años. A tan dantesco (que causa espanto) comportamiento económico, se añade una pronunciada corrupción al punto que cerca de un ¡60% del PIB! (unos US$ 400.000 millones) del totalgenerado en la etapa chavista-madurista se encuentran mayoritariamente depositados por personas “naturales” y jurídicas en el sistema financiero internacional (muy especialmente en paraísos fiscales), al igual que en cuantiosas inversiones inmobiliarias; con el agravante que menos de un 1% de los hogares es responsable del 80% del dinero desviado; lo cual debe complementarse con el “extravío” durante el mismo lapso de unas ¡800 toneladas de oro! y un largo etcétera.  

A pesar de los escombros económicos y sociales presentes en Venezuela, donde, p.ej., se requiere de unos 40 salarios mínimos para adquirir la canasta básica y más de 8 millones de ciudadanos necesitan ayuda humanitaria (un 28% de la población total), y de haber emigrado unos cinco millones de personas que en promedio envían al país unos 5 a 6 mil millones US$ anuales;   han proliferado los denominados “Bodegones” (tanto presenciales como virtuales) a partir de mediados del año 2018 inicialmente en zonas habitadas por familias de “alto” estrato social de Caracas (que luego se expandieron a nivel nacional) como un “punto social” para adquirir productos importados de calidad (que ya muchos conocían por sus viajes) pagando con dólares estadounidenses; al extremo que muchos de los productos son traídos bajo la “modalidad puerta a puerta” sin necesariamente cumplir con los permisos respectivos (de fabricantes, de importación, sanitarios y aduanales), o lo que es lo mismo ingresan a una nación sin leyes para los vinculados al régimen. 

Economista Jesús Alexis González 

Noviembre 10/2019