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Democracia, sociedad digital y populismo de izquierda

Jesús Alexis González

En el mundo actual, los ciudadanos cuentan con abundante y fácil acceso a la información global lo cual les facilita, entre otras muchas cuestiones, conocer sobre el comportamiento de la burocracia democrática, muy especialmente en cuanto a las decisiones que toman o dejan de tomar, los errores y delitos que cometen, la corrupción desvergonzada con evidentes “peces gordos” nunca enjuiciados y un largo etcétera; hasta propiciar frustración y desesperación en un contexto de desconfianza política hacia los gobernantes, aunado al “conocimiento ciudadano” sobre otros temas adicionales como la pobreza, la desigualdad, el desempleo, la violencia, entre otros. Es de manifiesta obviedad, que la falta de confianza hacia el gobierno y las instituciones se traduce, de igual modo, en bajos niveles de confianza social que se nutre con ese volumen de información impulsado por la conexión virtual; siendo un hecho que en simultáneo les abre espacio a los políticos populistas fundamentalmente de la izquierda radical.

El fluir de información hacia la ciudadanía, aumentó drásticamente hace unos setenta años cuando aparecieron las primeras computadoras digitales que dieron definitivo impulso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (maquinas, redes, algoritmos), siendo un escenario que se magnificó con el desarrollo de la Internet (a partir del año 1985) que redefinió la forma de gestionar y compartir datos con fundamento personalizado y bidireccional; al tiempo de brindar la oportunidad de abordar los problemas sociales a la luz del intercambio de información que caracteriza la denominada sociedad digital donde las TIC presionan o inducen cambios en las formas de gobernar, con énfasis en la potencial participación ciudadana y empresarial en la formulación de políticas públicas. La sociedad digital, está igualmente induciendo la conformación de una administración pública sustentada en datos como elemento clave para ofrecer planes y programas basados en evidencias y centrados en el usuario, perfilados en la apertura y transparencia al extremo de instaurar cambios estructurales en la forma como ¡funciona la democracia! (incluida su propia digitalización). Es así, que puede afirmarse que la era digital está impulsando la reinvención de las instituciones y procesos democráticos a la luz de valores sociales y éticos definidos mediante la participación de la sociedad civil en un contexto global más justo.

A tenor de lo expuesto, puede afirmarse que en la sociedad digital se está profundizando una crisis de confianza por parte de los ciudadanos hacia las instituciones que conforman la burocracia estatal, cuya “credibilidad” (¿?) era sostenida—y aun intentan que ello siga sucediendo—con el misterio informativo, que en el presente ha sido develado (dar a conocer algo que se encontraba oculto) por la fuerza de los datos al punto de hacer más visible los problemas de una mayoría poblacional con mayor relevancia por parte del denominado “publico informado”; siendo una situación que se acrecienta ante la facilidad que genera la sociedad digital para el acceso a la información a través de las redes sociales al punto de apuntalar mucho malestar, reflejado en expresiones tales como: “no somos escuchado”, “la democracia está fallando” “los políticos no se ocupan de su responsabilidad”, etc; al tiempo de abrirle espacio al populismo socialista-comunista (incluido un vandalismo planificado) con renovadas estrategias pero con los mismos utópicos postulados de demostrada ineficiencia reflejada por la historia.

En aras de enfrentar la creciente caída de la confiabilidad que experimenta la democracia—tanto por hechos orgánicos como por tácticas propiciadas por la izquierda internacional—urge revitalizarla en razón de ser la mejor forma de gobierno que existe, apoyándose en variadas iniciativas dentro de las cuales pueden mencionarse: a.- Comunicación entre las partes haciendo uso de un contenido de valor digitalizado, creativo, digerible, atractivo y compatible; b.- Armonizando y generando consenso con los principales grupos de interés, con la finalidad de propiciar co-creación de forma tal que los ciudadanos contribuyan a construir propuestas ajustadas a sus preferencias; c.- Impulsando un remozado liderazgo, habida cuenta que en la sociedad digital los ciudadanos aspiran que los desafíos sean enfrentados por líderes que tengan una visión clara de lo que está sucediendo y de lo que está por venir, en concordancia con una  definición de su papel cara a lo inmediato y lo mediato; es decir hablarle a los ciudadanos con profundo conocimiento en relación al futuro con destacada mención sobre el “cómo” sus iniciativas lo afectarán favorablemente hasta impulsar una proactividad ciudadana; y d.- Instrumentar una buena educación para todos, con el fin ulterior que los ciudadanos puedan comprender como se está desenvolviendo la sociedad, de manera que puedan, con sus habilidades y conocimientos, contribuir a darle forma a los cambios estructurales requeridos.

Mención especial merece, lo atinente al reto que representa el tratamiento que ha de dársele a las cinco generaciones que a partir del 2020 se encontrarán en el mismo escenario ejerciendo distintas actividades, con la obvia circunstancia que cada una de ellas tiene un perfil característico que las distingue, y por tanto tienen diferente personalidad y visión de mundo al igual que de la conceptualización sobre la democracia: 1.- Silenciosa o Traditionalists (nacidos entre 1939-1945); 2.-Baby Boomers o Idealistas (nacidos entre 1946-1960); 3.- Generación X (nacidos entre 1961-1980); 4.- Generación Y o Milennials (nacidos entre 1981-1995); 5.- Generación Z o Technoholics(nacidos a partir de 1996).

Dado su impacto cuantitativo, formularemos una breve referencia sobre las tres últimas: 

Generación X: Son nómadas e independientes desde niño; aprecian tanto las innovaciones como los cambios tecnológicos y por ende tienen una gran visión de futuro y se fundamentan en el intercambio de ideas y la transformación digital, al tiempo de dar importancia al equilibrio entre la vida personal y la labor. Su personalidad: Altamente independiente, orientado a resultados, escéptico, y pragmático.

Generación Y: Son ambiciosos y tenaces en su carrera y no les limitan las fronteras, exigen continuamente un feedback constructivo y desarrollo profesional, al tiempo de sentirse motivados por los incentivos y priorizar el desarrollo de su carrera. Tienen fácil acceso a la información a través de la tecnología y muchos de ellos tienen un conocimiento global del mundo. Su personalidad: Idealista, busca la felicidad, conexión 24/7, trabaja en equipo, pensamiento social orientado al logro, estructurado y de excelente formación académica, de actitud desafiante y retadora.

Generación Z: Han crecido con las redes sociales, pasan más de 10 horas al día online utilizándolas tanto para socializar como para buscar empleo, dándole especial importancia a la reputación de la empresa y a su estrategia online.

Reflexión final: Reinventar la democracia, está altamente condicionada por: A.- Una sociedad digital, que demanda canales de comunicación rápidos con provisión de información confiable en procura de juzgar su transparencia; B.- El crecimiento de las tecnologías,que acelera el ritmo evolutivo de la sociedad elevando la incertidumbre en relación al futuro; C.- La presencia de cinco generaciones con diferentes visiones de mundo; D.- Un desencanto generalizado, en cuanto a la actuación de los partidos políticos, con claras evidencias de pérdida de valores éticos y morales que dieron paso a una vergonzosa corrupción; E.- La amenaza del populismo de izquierda, que aun cuando está muy lejos de ser una ideología y apenas constituye una estrategia de movilización política, impulsa una lógica de amigo-enemigo en procura de destruir las instituciones democráticas.

Permítasenos concluir con la muy frase de W. Churchill: “La democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de todos los sistemas políticos restantes”.

Economista Jesús Alexis González

Diciembre/01/2019

Tiempo de lectura: 6,13 minutos    

Protesta por exclusión o vandalismo planificado

El término exclusión social, surgió en los años 70 en Francia y se profundizó a partir de 1989 cuando el Consejo de Ministros de Asuntos Sociales de la entonces Comunidad Europea adoptó una resolución, con la finalidad de combatir la “exclusión social” y de promover la integración y una “Europa solidaria”.

La inclusión social, por su parte, tiene varios sentidos y enfoques tal como: el acceso a niveles mínimos de bienestar y protección de acuerdo con el grado de desarrollo de la sociedad (CEPAL); la capacidad real de las personas de desarrollarse en la esfera civil, política y ciudadana (Hopenhayn), e igualmente como un proceso que favorece el desarrollo de las capacidades necesarias para que los individuos ejerzan las libertades y elijan sus estilos de vida (Sen).

 Exclusión social, como vocablo, adolece de un significado único a pesar de ser usualmente utilizado en el ambiente académico, político e institucional, y suele ser confundido con otros fenómenos sociales como la pobreza, la desigualdad y la vulnerabilidad social, entre otros; al punto de que para algunas corrientes de pensamiento es un proceso y no una condición que cambia según el tiempo y lugar, al tiempo de sostener que las carencias materiales son un resultado esperable de la exclusión, con especial significación en materia de educación, salud y empleo. De igual modo, otros autores la definen como el proceso mediante el cual a ciertos individuos y grupos se les impide sistemáticamente el acceso a posiciones que les permitirían una subsistencia autónoma dentro de los niveles sociales; siendo que los excluidos se encuentran al margen de los procesos vinculados con la ciudadanía social, es decir, con aquellos derechos y deberes del ciudadano que tienen que ver con el bienestar de la persona (trabajo, salud, educación, formación, vivienda, calidad de vida……). En fin, la exclusión social subraya la importancia de las políticas públicas y del papel del Estado en la instrumentación de acciones que doten a los excluidos de las capacidades y empoderamiento necesarios para poder participar del desarrollo; siendo un papel estatal que puede complementarse con la participación privada y de la sociedad civil.

A tenor de lo expresado, vale formular la siguiente interrogante: ¿Las vandálicas protestas de calle que se están desarrollando en varios países de Latinoamérica, responden a una aspiración por impulsar la inclusión social?  Veamos: 

El vandalismo, hace referencia a la actitud o inclinación a cometer acciones destructivas contra la propiedad pública sin consideración alguna hacia los demás, en alusión a los vándalos que eran integrantes de un pueblo bárbaro de origen germánico oriental que quedó signado por la historia como símbolo del salvajismo y de la falta de civilidad; y en razón de ello hoy se utiliza para hacer mención de aquellas personas que cometen acciones propias de la gente salvaje, mediante manifestaciones de calle cargadas, a su entender, de demandas diversificadas relativas a los derechos de los ciudadanos a la salud, la educación, el transporte, la seguridad, entre otros,  hasta convertirse en una conducta destructiva con marcada hostilidad injustificada que no respeta la propiedad ajena y se manifiesta a través de la ¡violencia! asumiendo un individualismo anárquico bajo la figura de un terrorismo urbano que toma las calles para destrozar lo que encuentra a su paso con la finalidad de impulsar el odio, haciendo hincapié en una supuesta lucha contra los preceptos políticos y económicos asociados con el modelo neoliberal, muy especialmente en cuanto a la disminución de la participación del Estado en materia económica (reducir el tamaño del Estado),  a través del recorte del gasto público y la privatización; toda una visión sesgada que en el fondo implica un rechazo al sistema capitalista y a las relaciones entre el Estado y el mercado Es de acotar, que entre los lugares susceptibles a ser vandalizados se encuentran: transporte público, señales de tráfico, parques, áreas recreativas, mobiliario urbano, vallas publicitarias, patrimonio histórico, sitios religiosos, etc. 

Es de manifiesta obviedad, que la izquierda radical está pretendiendo subvertir (trastornar algo o hacer que deje de tener el orden característico) la institucionalidad y fracturar la democracia en pro de una “igualdad social” (otra hipocresía izquierdista)haciendo uso del caos bajo el supuesto ejercicio del “derecho a la protesta social” al tiempo de despreciar el orden constitucional y legal a la luz de instaurar un modelo político, social y económico que ha fracasado en cada una de las experiencias mundiales, con la intención subyacente de alcanzar el poder para intentar quedarse ¡por siempre! 

Reflexión final: La existencia de un eje trasversal entre la izquierda radical y las vandálicas protestas de calle no admite duda en contrario, al extremo de pretender aprovechándose de manifiestas debilidades de la democracia constituir, inferimos, un Estado Fallido Latinoamericano a la sombra de un “socialismo bolivariano” sustentado en una economía negra (sumergida) de estructura regional, apuntalada con recursos (negros) provenientes de actividades ilegales vinculadas con el tráfico de drogas y armas, lavado de dinero, minería ilegal y un largo etcétera que circularán entre los países mediante transacciones monetarias no declaradas. Tal escenario, es de suponer que Venezuela aspira “liderar” complementando su condición de “financista original”; más aún cuando en el informe “El estado global de la democracia 2019” elaborado por el Instituto para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA) que mide desde el año 1975 el comportamiento de 158 países, ¡Venezuela fue considerado un régimen no democrático!

Economista Jesús Alexis González

Noviembre 24/2019

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Venezuela una economía pobre y pequeña con grandes bodegones

El Índice de Miseria en el Mundo (Steve Hanke, Instituto Cato), se sustenta en cuatro indicadores: 1.- La suma de la tasa de inflación; 2.- La tasa de préstamo; 3.-  La tasa de desempleo; y 4.- Crecimiento del PIB per cápita; siendo que en el ranking año 2019 Venezuela y Argentina ocuparon los dos primeros puestos, es decir las dos peores economías del mundo, con el añadido que dicho índice no toma en cuenta lo atinente a pobreza y desigualdad lo cual agrava, sin duda alguna, la evaluación  económica-social de ambos países. De igual modo, Venezuela por cuarto año consecutivo también ocupó el primer puesto en el Índice de Miseria de Bloomberg que mide las perspectivas de inflación y desempleo en 62 países y por tanto fue considerada como la economía más miserable del mundo con una inflación estimada año 2019 de 8.000.000% y una clasificación de1.872 puntos muy por encima de los 40 puntos promedio que reflejan el resto de naciones. 

Desde un ángulo complementario, en el Informe de Libertad Económica 2019 (The Heritage Foundation) que ha evaluado durante 25 años (desde el año 1995) el estado y trayectoria de las libertades económicas en 180 países, entendida como “El derecho fundamental de todo ser humano de controlar los frutos de su trabajo, englobando de manera integral las libertades y derechos de producción, distribución o consumo de bienes y servicios”; e integra cinco variables: A.- Tamaño del gobierno (gasto e ingresos públicos); B.- Sistema Legal; C.- Estabilidad Macroeconómica; D.- Libertad de Comercio Internacional; y E.- Regulación de los Mercados Crediticio, Laboral y Empresarial; al tiempo de clasificar los países, según su puntuación, en Libre (6);  Mayormente Libre (29); Moderadamente Libre (59); Mayormente Controlada (64); y Reprimida (22). Nota: La puntuación entre paréntesis hace referencia al número países ubicados en el año 2019.

El Informe en comento, pone en evidencia que aquellos países en los cuales los agentes económicos privados (individuos-familias y empresas) gozan de mayor libertad económica, y mayor libertad para elegir en decisiones de consumo, trabajo y producción, son al propio tiempo los países que tienen mayores niveles de desarrollo económico y la población se considera ¡mas feliz! A la luz de los indicadores citados, Venezuela resultó el segundo país menos libre del mundo detrás de la República Popular Democrática de Corea del Norte que tiene como régimen político un “Estado Socialista” a través de un partido único (unipartidismo) y un predominio estatal sobre los medios de producción; mientras que en la Región América Venezuela ocupó el primer puesto entre 32 países;  en mucho propiciado por una manifiesta cultura de corrupción que frena la inversión extranjera y el crecimiento del empleo, y a una mala calidad del entorno regulatorio que reprime las intenciones empresariales. El citado Informe, concluye señalando: I.- La propiedad privada y la protección del emprendimiento a través de Estado de Derecho, incentivan el esfuerzo y la iniciativa económica en mayor medida que las ideas colectivistas y socialistas; II.- Los gobiernos que controlan las economías de sus países tienden a empobrecer a sus ciudadanos a la luz del estancamiento de sus economías; III.- La competencia, facilitada por regulaciones eficientes, promueve una mayor productividad y una distribución más eficiente de los recursos, en comparación con una economía centralmente planificada; y IV.- Aquellos países que han adoptado políticas de mercado en aras de facilitar el intercambio, la inversión y el buen funcionamiento de los sistemas financieros se desempeñan mucho mejor que aquellos que aplican políticas proteccionistas

A tenor de la temática expresada, basta con referenciar algunas citas sobre la actual situación económica-social de Venezuela a efectos de dimensionar la hecatombe (suceso trágico) propiciada por la hipocresía socialista. Es así, que la producción de bienes y servicios se ha ubicado a niveles de hace más de ¡70 años! con un signo monetario depreciado que “arrastró” a cerca de un 30% de la población a una situación de pobreza extrema y un estimado de un 60% por debajo de la línea de pobreza; en un contexto de depresión económica (gran disminución sostenida de la producción y el consumo) de, por ahora; ¡28 trimestres consecutivos! (7 años) superando ampliamente la Gran Depresión Mundial que duró en promedio unos 8 trimestres consecutivos (principios de 1929 a finales de los años 30); una reducción del tamaño de la economía del 76% entre el 2014-2018 y una hiperinflación nunca observada a nivel mundial de casi 1.400.000% en 2018 siendo que para 2019 se estima en más de 9.000.000%; y un nivel de producción petrolera año 2019 de apenas unos 650.000 b/d equivalente a lo producido en el ¡año 1927!, y muy inferior a los 3,5 millones de b/d que se producían hace unos 10 años. A tan dantesco (que causa espanto) comportamiento económico, se añade una pronunciada corrupción al punto que cerca de un ¡60% del PIB! (unos US$ 400.000 millones) del totalgenerado en la etapa chavista-madurista se encuentran mayoritariamente depositados por personas “naturales” y jurídicas en el sistema financiero internacional (muy especialmente en paraísos fiscales), al igual que en cuantiosas inversiones inmobiliarias; con el agravante que menos de un 1% de los hogares es responsable del 80% del dinero desviado; lo cual debe complementarse con el “extravío” durante el mismo lapso de unas ¡800 toneladas de oro! y un largo etcétera.  

A pesar de los escombros económicos y sociales presentes en Venezuela, donde, p.ej., se requiere de unos 40 salarios mínimos para adquirir la canasta básica y más de 8 millones de ciudadanos necesitan ayuda humanitaria (un 28% de la población total), y de haber emigrado unos cinco millones de personas que en promedio envían al país unos 5 a 6 mil millones US$ anuales;   han proliferado los denominados “Bodegones” (tanto presenciales como virtuales) a partir de mediados del año 2018 inicialmente en zonas habitadas por familias de “alto” estrato social de Caracas (que luego se expandieron a nivel nacional) como un “punto social” para adquirir productos importados de calidad (que ya muchos conocían por sus viajes) pagando con dólares estadounidenses; al extremo que muchos de los productos son traídos bajo la “modalidad puerta a puerta” sin necesariamente cumplir con los permisos respectivos (de fabricantes, de importación, sanitarios y aduanales), o lo que es lo mismo ingresan a una nación sin leyes para los vinculados al régimen. 

Economista Jesús Alexis González 

Noviembre 10/2019