Todas las entradas de: Mariela Alvarez

Democracia en peligro por déficit ético y moral

Hemos de iniciar afirmando que los principios éticos y morales constituyen el vínculo generador de confianza entre los ciudadanos, el orden social y la democracia siendo una obviedad manifiesta que un déficit de estos valores abona en favor de ensayos políticos no democráticos, habida cuenta que ellos representan el elemento central en la estabilidad del orden económico y social tal y como lo expresó Adam Smith en su libro “Teoría de los sentimientos morales”,  donde analiza las razones por las cuales el individuo desarrolla las capacidades de hacer o no hacer en función de sus valores y creencias; al tiempo de darle primordial importancia a los valores éticos del individuo en aras de procurar el bienestar de la sociedad, al extremo que su ausencia en el desenvolvimiento de las instituciones burocráticas y privadas induce elevada incertidumbre en la ciudadanía en relación a sus posibilidades de poder ejecutar su proyecto de vida, ante la presencia de una sociedad y sistemas políticos de baja ética y moral que dificultan la construcción de un mejor porvenir.

La correcta y eficiente acción de gobernar, está condicionada por un proceso de evaluación moral donde subyace la verificación trascendente en cuanto a la obligación de la burocracia estatal de velar con su ejemplo, por la ética y la moral de la sociedad como un todo; so pena que la democracia sea criticada en función a los actos fallidos de sus gobernantes y burócratas hasta tergiversar el eje de la culpabilidad como consecuencia de un populismo proteccionista inducido que en mucho emana alentado con vandalismo y  violencia liderado por la hipócrita izquierda. No por casualidad, se consideró durante mucho tiempo a la economía una rama de la ética; e igualmente se enseñaba en Cambridge como una parte del Diplomado en Ciencias Morales.

Es de resaltar, que los términos ética y moral se identifican con la denominada definición estipulativa (depende de cómo se estipule se van a usar los términos) que precisa el significado según lo entiende una persona determinada o según se entiende en un determinado contexto; a diferencia de la definición léxica que precisa el significado que un término tiene para una colectividad o sociedad. Así expresado, ha de quedar claro que no hay nada en la etimología de las palabras ética y moral que imponga un determinado significado para el uso de cada una de ellas; y en nuestro articulo mucho menos proponemos una distinción siendo que a final de cuentas estos términos suelen ser más o menos intercambiables. 

La palabra ética proviene del griego y tiene dos etimologías que son complementarias: A.- “Habito”, “costumbre”, “estar acostumbrado”; B.- “Carácter”; mientras que la palabra moral proviene del latín con una dudosa etimología vinculada con “costumbre”, “modo” o “practica” de donde proviene “modales”. En síntesis, ética se identifica con el ideal individual de vida autogobernada, mientras que moral se identifica con la observancia de un sistema de normas socialmente impuesto.

En la actualidad, ética hace referencia a la reflexión teórica sobre la moral, siendo la vía para discutir y fundamentar el conjunto de normas que constituyen nuestra moral y está vinculada con el nivel teórico de la reflexión y trata de responder a la pregunta ¿Qué es la moral? habida cuenta que surge de la interioridad de una persona como resultado de su propia reflexión y su propia elección. La moral hace referencia al conjunto de principios, criterios, normas y valores que dirigen nuestro comportamiento, y nos hace actuar de una determinada manera al tiempo que permite saber que debemos de hacer en una situación concreta ya que está vinculada con el nivel práctico de la acción y trata de responder a la pregunta ¿Qué debo hacer? en razón de ser un conjunto de normas establecidas en el seno de una sociedad ejerciendo una influencia muy poderosa en la conducta de cada uno de sus integrantes.

A la luz del contexto descrito, resulta pertinente señalar que uno de los anhelos más grande que la humanidad espera de los sistemas políticos es que se conduzcan éticamente en pro de elevar la “calidad” de la democracia con base en la aplicación de los valores de justicia y necesidad social, con énfasis en impulsar el engrandecimiento y desarrollo del libre pensamiento del ser humano. La democracia requiere nutrirse con la verdad, razón por la cual el sistema democrático de una nación y los partidos políticos ¡tienen que buscarla!; al tiempo de argumentar sus acciones para cumplir con la función democratizadora encomendada constitucionalmente al sistema de partidos, en el entendido que los discursos políticos sin argumento se corresponden con la actuación de un parlanchín de la palabra, soslayando que la política partidista debe convencer a través del argumento ético tanto en la discusión de sus ideas al interior de sus miembros como en su exposición ante la sociedad.   

Es de manifiesta obviedad, que en el contexto de un sistema de partidos se ha de investigar a profundidad las causas que atentan contra el bien común hasta descubrir la solución a cada problema para luego someterlo a un plan de discusión por parte de los diferentes pensamientos internos, previo al debate público de la sociedad antes de su instrumentación a la luz de un estricto sentido de verdad y ética política como apalancamiento de una adecuada convivencia social en pro de fortalecer la democracia y la ¡familia!

Reflexión final: “Una moral sin ética es una abstracción vacía, pero una ética sin moral es ciega y puede ser peligrosa”. (Kant).

Economista Jesús Alexis González

Diciembre/08/2019

Tiempo de lectura: 5,11 minutos

Democracia, sociedad digital y populismo de izquierda

Jesús Alexis González

En el mundo actual, los ciudadanos cuentan con abundante y fácil acceso a la información global lo cual les facilita, entre otras muchas cuestiones, conocer sobre el comportamiento de la burocracia democrática, muy especialmente en cuanto a las decisiones que toman o dejan de tomar, los errores y delitos que cometen, la corrupción desvergonzada con evidentes “peces gordos” nunca enjuiciados y un largo etcétera; hasta propiciar frustración y desesperación en un contexto de desconfianza política hacia los gobernantes, aunado al “conocimiento ciudadano” sobre otros temas adicionales como la pobreza, la desigualdad, el desempleo, la violencia, entre otros. Es de manifiesta obviedad, que la falta de confianza hacia el gobierno y las instituciones se traduce, de igual modo, en bajos niveles de confianza social que se nutre con ese volumen de información impulsado por la conexión virtual; siendo un hecho que en simultáneo les abre espacio a los políticos populistas fundamentalmente de la izquierda radical.

El fluir de información hacia la ciudadanía, aumentó drásticamente hace unos setenta años cuando aparecieron las primeras computadoras digitales que dieron definitivo impulso a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (maquinas, redes, algoritmos), siendo un escenario que se magnificó con el desarrollo de la Internet (a partir del año 1985) que redefinió la forma de gestionar y compartir datos con fundamento personalizado y bidireccional; al tiempo de brindar la oportunidad de abordar los problemas sociales a la luz del intercambio de información que caracteriza la denominada sociedad digital donde las TIC presionan o inducen cambios en las formas de gobernar, con énfasis en la potencial participación ciudadana y empresarial en la formulación de políticas públicas. La sociedad digital, está igualmente induciendo la conformación de una administración pública sustentada en datos como elemento clave para ofrecer planes y programas basados en evidencias y centrados en el usuario, perfilados en la apertura y transparencia al extremo de instaurar cambios estructurales en la forma como ¡funciona la democracia! (incluida su propia digitalización). Es así, que puede afirmarse que la era digital está impulsando la reinvención de las instituciones y procesos democráticos a la luz de valores sociales y éticos definidos mediante la participación de la sociedad civil en un contexto global más justo.

A tenor de lo expuesto, puede afirmarse que en la sociedad digital se está profundizando una crisis de confianza por parte de los ciudadanos hacia las instituciones que conforman la burocracia estatal, cuya “credibilidad” (¿?) era sostenida—y aun intentan que ello siga sucediendo—con el misterio informativo, que en el presente ha sido develado (dar a conocer algo que se encontraba oculto) por la fuerza de los datos al punto de hacer más visible los problemas de una mayoría poblacional con mayor relevancia por parte del denominado “publico informado”; siendo una situación que se acrecienta ante la facilidad que genera la sociedad digital para el acceso a la información a través de las redes sociales al punto de apuntalar mucho malestar, reflejado en expresiones tales como: “no somos escuchado”, “la democracia está fallando” “los políticos no se ocupan de su responsabilidad”, etc; al tiempo de abrirle espacio al populismo socialista-comunista (incluido un vandalismo planificado) con renovadas estrategias pero con los mismos utópicos postulados de demostrada ineficiencia reflejada por la historia.

En aras de enfrentar la creciente caída de la confiabilidad que experimenta la democracia—tanto por hechos orgánicos como por tácticas propiciadas por la izquierda internacional—urge revitalizarla en razón de ser la mejor forma de gobierno que existe, apoyándose en variadas iniciativas dentro de las cuales pueden mencionarse: a.- Comunicación entre las partes haciendo uso de un contenido de valor digitalizado, creativo, digerible, atractivo y compatible; b.- Armonizando y generando consenso con los principales grupos de interés, con la finalidad de propiciar co-creación de forma tal que los ciudadanos contribuyan a construir propuestas ajustadas a sus preferencias; c.- Impulsando un remozado liderazgo, habida cuenta que en la sociedad digital los ciudadanos aspiran que los desafíos sean enfrentados por líderes que tengan una visión clara de lo que está sucediendo y de lo que está por venir, en concordancia con una  definición de su papel cara a lo inmediato y lo mediato; es decir hablarle a los ciudadanos con profundo conocimiento en relación al futuro con destacada mención sobre el “cómo” sus iniciativas lo afectarán favorablemente hasta impulsar una proactividad ciudadana; y d.- Instrumentar una buena educación para todos, con el fin ulterior que los ciudadanos puedan comprender como se está desenvolviendo la sociedad, de manera que puedan, con sus habilidades y conocimientos, contribuir a darle forma a los cambios estructurales requeridos.

Mención especial merece, lo atinente al reto que representa el tratamiento que ha de dársele a las cinco generaciones que a partir del 2020 se encontrarán en el mismo escenario ejerciendo distintas actividades, con la obvia circunstancia que cada una de ellas tiene un perfil característico que las distingue, y por tanto tienen diferente personalidad y visión de mundo al igual que de la conceptualización sobre la democracia: 1.- Silenciosa o Traditionalists (nacidos entre 1939-1945); 2.-Baby Boomers o Idealistas (nacidos entre 1946-1960); 3.- Generación X (nacidos entre 1961-1980); 4.- Generación Y o Milennials (nacidos entre 1981-1995); 5.- Generación Z o Technoholics(nacidos a partir de 1996).

Dado su impacto cuantitativo, formularemos una breve referencia sobre las tres últimas: 

Generación X: Son nómadas e independientes desde niño; aprecian tanto las innovaciones como los cambios tecnológicos y por ende tienen una gran visión de futuro y se fundamentan en el intercambio de ideas y la transformación digital, al tiempo de dar importancia al equilibrio entre la vida personal y la labor. Su personalidad: Altamente independiente, orientado a resultados, escéptico, y pragmático.

Generación Y: Son ambiciosos y tenaces en su carrera y no les limitan las fronteras, exigen continuamente un feedback constructivo y desarrollo profesional, al tiempo de sentirse motivados por los incentivos y priorizar el desarrollo de su carrera. Tienen fácil acceso a la información a través de la tecnología y muchos de ellos tienen un conocimiento global del mundo. Su personalidad: Idealista, busca la felicidad, conexión 24/7, trabaja en equipo, pensamiento social orientado al logro, estructurado y de excelente formación académica, de actitud desafiante y retadora.

Generación Z: Han crecido con las redes sociales, pasan más de 10 horas al día online utilizándolas tanto para socializar como para buscar empleo, dándole especial importancia a la reputación de la empresa y a su estrategia online.

Reflexión final: Reinventar la democracia, está altamente condicionada por: A.- Una sociedad digital, que demanda canales de comunicación rápidos con provisión de información confiable en procura de juzgar su transparencia; B.- El crecimiento de las tecnologías,que acelera el ritmo evolutivo de la sociedad elevando la incertidumbre en relación al futuro; C.- La presencia de cinco generaciones con diferentes visiones de mundo; D.- Un desencanto generalizado, en cuanto a la actuación de los partidos políticos, con claras evidencias de pérdida de valores éticos y morales que dieron paso a una vergonzosa corrupción; E.- La amenaza del populismo de izquierda, que aun cuando está muy lejos de ser una ideología y apenas constituye una estrategia de movilización política, impulsa una lógica de amigo-enemigo en procura de destruir las instituciones democráticas.

Permítasenos concluir con la muy frase de W. Churchill: “La democracia es el peor de todos los sistemas políticos, con excepción de todos los sistemas políticos restantes”.

Economista Jesús Alexis González

Diciembre/01/2019

Tiempo de lectura: 6,13 minutos    

Protesta por exclusión o vandalismo planificado

El término exclusión social, surgió en los años 70 en Francia y se profundizó a partir de 1989 cuando el Consejo de Ministros de Asuntos Sociales de la entonces Comunidad Europea adoptó una resolución, con la finalidad de combatir la “exclusión social” y de promover la integración y una “Europa solidaria”.

La inclusión social, por su parte, tiene varios sentidos y enfoques tal como: el acceso a niveles mínimos de bienestar y protección de acuerdo con el grado de desarrollo de la sociedad (CEPAL); la capacidad real de las personas de desarrollarse en la esfera civil, política y ciudadana (Hopenhayn), e igualmente como un proceso que favorece el desarrollo de las capacidades necesarias para que los individuos ejerzan las libertades y elijan sus estilos de vida (Sen).

 Exclusión social, como vocablo, adolece de un significado único a pesar de ser usualmente utilizado en el ambiente académico, político e institucional, y suele ser confundido con otros fenómenos sociales como la pobreza, la desigualdad y la vulnerabilidad social, entre otros; al punto de que para algunas corrientes de pensamiento es un proceso y no una condición que cambia según el tiempo y lugar, al tiempo de sostener que las carencias materiales son un resultado esperable de la exclusión, con especial significación en materia de educación, salud y empleo. De igual modo, otros autores la definen como el proceso mediante el cual a ciertos individuos y grupos se les impide sistemáticamente el acceso a posiciones que les permitirían una subsistencia autónoma dentro de los niveles sociales; siendo que los excluidos se encuentran al margen de los procesos vinculados con la ciudadanía social, es decir, con aquellos derechos y deberes del ciudadano que tienen que ver con el bienestar de la persona (trabajo, salud, educación, formación, vivienda, calidad de vida……). En fin, la exclusión social subraya la importancia de las políticas públicas y del papel del Estado en la instrumentación de acciones que doten a los excluidos de las capacidades y empoderamiento necesarios para poder participar del desarrollo; siendo un papel estatal que puede complementarse con la participación privada y de la sociedad civil.

A tenor de lo expresado, vale formular la siguiente interrogante: ¿Las vandálicas protestas de calle que se están desarrollando en varios países de Latinoamérica, responden a una aspiración por impulsar la inclusión social?  Veamos: 

El vandalismo, hace referencia a la actitud o inclinación a cometer acciones destructivas contra la propiedad pública sin consideración alguna hacia los demás, en alusión a los vándalos que eran integrantes de un pueblo bárbaro de origen germánico oriental que quedó signado por la historia como símbolo del salvajismo y de la falta de civilidad; y en razón de ello hoy se utiliza para hacer mención de aquellas personas que cometen acciones propias de la gente salvaje, mediante manifestaciones de calle cargadas, a su entender, de demandas diversificadas relativas a los derechos de los ciudadanos a la salud, la educación, el transporte, la seguridad, entre otros,  hasta convertirse en una conducta destructiva con marcada hostilidad injustificada que no respeta la propiedad ajena y se manifiesta a través de la ¡violencia! asumiendo un individualismo anárquico bajo la figura de un terrorismo urbano que toma las calles para destrozar lo que encuentra a su paso con la finalidad de impulsar el odio, haciendo hincapié en una supuesta lucha contra los preceptos políticos y económicos asociados con el modelo neoliberal, muy especialmente en cuanto a la disminución de la participación del Estado en materia económica (reducir el tamaño del Estado),  a través del recorte del gasto público y la privatización; toda una visión sesgada que en el fondo implica un rechazo al sistema capitalista y a las relaciones entre el Estado y el mercado Es de acotar, que entre los lugares susceptibles a ser vandalizados se encuentran: transporte público, señales de tráfico, parques, áreas recreativas, mobiliario urbano, vallas publicitarias, patrimonio histórico, sitios religiosos, etc. 

Es de manifiesta obviedad, que la izquierda radical está pretendiendo subvertir (trastornar algo o hacer que deje de tener el orden característico) la institucionalidad y fracturar la democracia en pro de una “igualdad social” (otra hipocresía izquierdista)haciendo uso del caos bajo el supuesto ejercicio del “derecho a la protesta social” al tiempo de despreciar el orden constitucional y legal a la luz de instaurar un modelo político, social y económico que ha fracasado en cada una de las experiencias mundiales, con la intención subyacente de alcanzar el poder para intentar quedarse ¡por siempre! 

Reflexión final: La existencia de un eje trasversal entre la izquierda radical y las vandálicas protestas de calle no admite duda en contrario, al extremo de pretender aprovechándose de manifiestas debilidades de la democracia constituir, inferimos, un Estado Fallido Latinoamericano a la sombra de un “socialismo bolivariano” sustentado en una economía negra (sumergida) de estructura regional, apuntalada con recursos (negros) provenientes de actividades ilegales vinculadas con el tráfico de drogas y armas, lavado de dinero, minería ilegal y un largo etcétera que circularán entre los países mediante transacciones monetarias no declaradas. Tal escenario, es de suponer que Venezuela aspira “liderar” complementando su condición de “financista original”; más aún cuando en el informe “El estado global de la democracia 2019” elaborado por el Instituto para la Democracia y Asistencia Electoral (IDEA) que mide desde el año 1975 el comportamiento de 158 países, ¡Venezuela fue considerado un régimen no democrático!

Economista Jesús Alexis González

Noviembre 24/2019

  TIEMPO DE LECTURA 5 MINUTOS.: