Venezuela una economía pobre y pequeña con grandes bodegones

El Índice de Miseria en el Mundo (Steve Hanke, Instituto Cato), se sustenta en cuatro indicadores: 1.- La suma de la tasa de inflación; 2.- La tasa de préstamo; 3.-  La tasa de desempleo; y 4.- Crecimiento del PIB per cápita; siendo que en el ranking año 2019 Venezuela y Argentina ocuparon los dos primeros puestos, es decir las dos peores economías del mundo, con el añadido que dicho índice no toma en cuenta lo atinente a pobreza y desigualdad lo cual agrava, sin duda alguna, la evaluación  económica-social de ambos países. De igual modo, Venezuela por cuarto año consecutivo también ocupó el primer puesto en el Índice de Miseria de Bloomberg que mide las perspectivas de inflación y desempleo en 62 países y por tanto fue considerada como la economía más miserable del mundo con una inflación estimada año 2019 de 8.000.000% y una clasificación de1.872 puntos muy por encima de los 40 puntos promedio que reflejan el resto de naciones. 

Desde un ángulo complementario, en el Informe de Libertad Económica 2019 (The Heritage Foundation) que ha evaluado durante 25 años (desde el año 1995) el estado y trayectoria de las libertades económicas en 180 países, entendida como “El derecho fundamental de todo ser humano de controlar los frutos de su trabajo, englobando de manera integral las libertades y derechos de producción, distribución o consumo de bienes y servicios”; e integra cinco variables: A.- Tamaño del gobierno (gasto e ingresos públicos); B.- Sistema Legal; C.- Estabilidad Macroeconómica; D.- Libertad de Comercio Internacional; y E.- Regulación de los Mercados Crediticio, Laboral y Empresarial; al tiempo de clasificar los países, según su puntuación, en Libre (6);  Mayormente Libre (29); Moderadamente Libre (59); Mayormente Controlada (64); y Reprimida (22). Nota: La puntuación entre paréntesis hace referencia al número países ubicados en el año 2019.

El Informe en comento, pone en evidencia que aquellos países en los cuales los agentes económicos privados (individuos-familias y empresas) gozan de mayor libertad económica, y mayor libertad para elegir en decisiones de consumo, trabajo y producción, son al propio tiempo los países que tienen mayores niveles de desarrollo económico y la población se considera ¡mas feliz! A la luz de los indicadores citados, Venezuela resultó el segundo país menos libre del mundo detrás de la República Popular Democrática de Corea del Norte que tiene como régimen político un “Estado Socialista” a través de un partido único (unipartidismo) y un predominio estatal sobre los medios de producción; mientras que en la Región América Venezuela ocupó el primer puesto entre 32 países;  en mucho propiciado por una manifiesta cultura de corrupción que frena la inversión extranjera y el crecimiento del empleo, y a una mala calidad del entorno regulatorio que reprime las intenciones empresariales. El citado Informe, concluye señalando: I.- La propiedad privada y la protección del emprendimiento a través de Estado de Derecho, incentivan el esfuerzo y la iniciativa económica en mayor medida que las ideas colectivistas y socialistas; II.- Los gobiernos que controlan las economías de sus países tienden a empobrecer a sus ciudadanos a la luz del estancamiento de sus economías; III.- La competencia, facilitada por regulaciones eficientes, promueve una mayor productividad y una distribución más eficiente de los recursos, en comparación con una economía centralmente planificada; y IV.- Aquellos países que han adoptado políticas de mercado en aras de facilitar el intercambio, la inversión y el buen funcionamiento de los sistemas financieros se desempeñan mucho mejor que aquellos que aplican políticas proteccionistas

A tenor de la temática expresada, basta con referenciar algunas citas sobre la actual situación económica-social de Venezuela a efectos de dimensionar la hecatombe (suceso trágico) propiciada por la hipocresía socialista. Es así, que la producción de bienes y servicios se ha ubicado a niveles de hace más de ¡70 años! con un signo monetario depreciado que “arrastró” a cerca de un 30% de la población a una situación de pobreza extrema y un estimado de un 60% por debajo de la línea de pobreza; en un contexto de depresión económica (gran disminución sostenida de la producción y el consumo) de, por ahora; ¡28 trimestres consecutivos! (7 años) superando ampliamente la Gran Depresión Mundial que duró en promedio unos 8 trimestres consecutivos (principios de 1929 a finales de los años 30); una reducción del tamaño de la economía del 76% entre el 2014-2018 y una hiperinflación nunca observada a nivel mundial de casi 1.400.000% en 2018 siendo que para 2019 se estima en más de 9.000.000%; y un nivel de producción petrolera año 2019 de apenas unos 650.000 b/d equivalente a lo producido en el ¡año 1927!, y muy inferior a los 3,5 millones de b/d que se producían hace unos 10 años. A tan dantesco (que causa espanto) comportamiento económico, se añade una pronunciada corrupción al punto que cerca de un ¡60% del PIB! (unos US$ 400.000 millones) del totalgenerado en la etapa chavista-madurista se encuentran mayoritariamente depositados por personas “naturales” y jurídicas en el sistema financiero internacional (muy especialmente en paraísos fiscales), al igual que en cuantiosas inversiones inmobiliarias; con el agravante que menos de un 1% de los hogares es responsable del 80% del dinero desviado; lo cual debe complementarse con el “extravío” durante el mismo lapso de unas ¡800 toneladas de oro! y un largo etcétera.  

A pesar de los escombros económicos y sociales presentes en Venezuela, donde, p.ej., se requiere de unos 40 salarios mínimos para adquirir la canasta básica y más de 8 millones de ciudadanos necesitan ayuda humanitaria (un 28% de la población total), y de haber emigrado unos cinco millones de personas que en promedio envían al país unos 5 a 6 mil millones US$ anuales;   han proliferado los denominados “Bodegones” (tanto presenciales como virtuales) a partir de mediados del año 2018 inicialmente en zonas habitadas por familias de “alto” estrato social de Caracas (que luego se expandieron a nivel nacional) como un “punto social” para adquirir productos importados de calidad (que ya muchos conocían por sus viajes) pagando con dólares estadounidenses; al extremo que muchos de los productos son traídos bajo la “modalidad puerta a puerta” sin necesariamente cumplir con los permisos respectivos (de fabricantes, de importación, sanitarios y aduanales), o lo que es lo mismo ingresan a una nación sin leyes para los vinculados al régimen. 

Economista Jesús Alexis González 

Noviembre 10/2019

Economía de mercado chivo expiatorio de la hipocresía socialista

Iniciemos señalando, que la hipocresía es inducida, usualmente, por el deseo de esconder a los demás motivos reales; es decir un hipócrita es alguien que esconde sus verdaderas intenciones. El conocimiento económico, por su parte, es considerado por muchos como esotérico (incomprensible o difícil de entender) habida cuenta de ser una disciplina que combina el enfoque cuantitativo (basado en números) con el estudio del comportamiento humano individual y colectivo al tiempo de estar al servicio del bien común teniendo como objetivo lograr un mundo mejor, enfatizando en la necesidad de hacer que los objetivos individuales sean acordes con los objetivos colectivos, o lo que es lo mismo, armonizar al individuo con la sociedad y por ende rechaza tanto la supremacía del mercado como la del Estado. A pesar de ello, se les reprocha a los economistas su incapacidad para predecir acontecimientos que podrían tener un impacto negativo para la sociedad; reproche en mucho propiciado por dos obstáculos: 1.- La carencia de datos o la comprensión solo parcial del fenómeno analizado, y 2.- La imposibilidad material de predecir ya que puede dar lugar a las profecías autocumplidas que partiendo de una definición “falsa” de la situación despierta un nuevo comportamiento que convierte en “verdadera” la falsa concepción original. 

De igual modo, la economía apoyándose en el “Homo economicus” entendido como como un ser que toma decisiones conscientes sobre sus propios intereses e iba por ellos de modo racional, asume la teoría de la elección racional (la opción más adecuada para nuestros intereses); pero que al no tener el individuo la información suficiente puede equivocarse víctima de sesgos cognitivos (efectos psicológicos que causan una alteración en el procesamiento de la información) que generan un juicio errado a la luz de asumir atajos de razonamiento (simplificar la solución de problemas). En tal sentido, vale resaltar que el Estado no dispone, usualmente, de la información necesaria para decidir por sí mismo la asignación de bienes y servicios razón por la cual adopta en muchos casos políticas económicas nefastas, tanto por la ambición de mantener el control (y el poder) como para hacer “favores” al ciudadano elector quien busca, impulsado por su propia ignorancia,  protección y subsidios al extremo de dar impulso a los populismos de derecha e izquierda; en un contexto donde tales populismos soslayan los mecanismos más elementales como el mercado que si lo dejan funcionar protegería al consumidor de los grupos de presión y del favoritismo, al punto que un alto porcentaje de los economistas están a su favor al considerarlo un simple instrumento y nunca un fin en sí mismo a diferencia de especialistas en otras ciencias sociales, y gran parte de la sociedad civil, que tienen una visión diferente del mercado al confundir (algunos intencionalmente) el impacto que tiene sobre el vínculo social;  muy especialmente, sostienen, en cuanto a que puede fortalecer el egoísmo de sus actores habida cuenta que el mercado es, en efecto, un lugar de competencia (rivalidad entre quienes se disputan una misma cosa) que está, y así debe entenderse, al servicio de la sociedad teniendo como beneficio más resaltante la baja de los precios para el consumidor; e igualmente se convierte en un espacio para la colaboración (trabajo en conjunto) que favorece una producción eficaz, eficiente,  innovadora y de tendencia creciente.

Es de manifiesta obviedad, la preocupación histórica en cuanto a que el Estado se vea cautivo de intereses particulares en detrimento del interés colectivo; y de que en un sistema democrático el interés por ser elegido o reelecto tenga prelación sobre otras preocupaciones. Ante tal preocupación, la mayoría de los Estados del mundo procuran los beneficios de la libertad económica combinando la economía de mercado y la intervención del Estado en razón que el mercado necesita del Estado tanto para corregir sus fallas, garantizar el marco legal a través del sistema jurídico, y para proteger la libertad de empresa; como en razón a que el Estado no puede lograr que los ciudadanos puedan vivir correctamente ¡sin mercado! El Estado en la modernidad, se ha transformado para asumir la responsabilidad de fijar las “reglas de juego” e intervenir para corregir las anormalidades del mercado, pero no para sustituirlo; al tiempo de abandonar su condición de pésimo empresario para asumir un rol de regulador donde la burocracia y los funcionarios no están al servicio del Estado sino del ciudadano, e igualmente vigilando que las políticas sociales no incrementen el desequilibrio de las finanzas públicas.  

Desde un ángulo complementario, resulta pertinente resaltar que en el presente la desigualdad social responde fundamentalmente a: 1.- El cambio tecnológico que favorece a los ciudadanos más cualificados y con acceso a la “economía del conocimiento”, lo cual implica un reto para el sistema educativo; y 2.- La globalización ya que los eficaces se ven beneficiadas al poder exportar, mientras que las que son menos ven limitada su actividad al tener que enfrentarse a las importaciones. De igual modo, la revolución tecnológica, la digitalización y la economía colaborativa han perfilado una economía digital que incorpora nuevos competidores que entran con facilidad en la cadena global de valor generando ventajas competitivas con énfasis en la cadena de suministro, apuntalado por personas que han adquirido un conocimiento abstracto (capacidad de asumir un marco mental de forma voluntaria) más allá de conocimientos sencillos y por ende capacitados  solo para realizar tareas sencillas; situación que les dificulta una mejor participación en la generación y distribución de la riqueza.

Reflexión final: Para la época de la muerte de K. Marx en 1883, ya la historia ponía en duda sus predicciones habida cuenta que la concentración y centralización del capital, el surgimiento de compañías por acciones, cárteles y trust no marcaron el fin del capitalismo como un todo sino del capitalismo competitivo. Cuando en 1917 Lenin anunció que ya estaban maduros para tomar el poder y avanzar hacia el socialismo, lo formuló sin la existencia de una teoría de la transición al socialismo (¡que aún no existe!) ya que el marxismo había “estudiado” más intensamente el colapso del capitalismo. Lo que Lenin se planteó en El Estado y la Revolución fue: ¿Qué debe ocurrir en caso de una transición del capitalismo al comunismo? Su respuesta: Una transformación revolucionaria del capitalismo en un estado transicional llamado “socialismo”, que luego evolucionaría hacia el comunismo. El estado capitalista debía ser destruido y un nuevo estado-la dictadura del proletariado-lo reemplazaría. Esta dictadura se extinguiría, dando lugar al comunismo; y su tarea económica sería eliminar el capitalismo centralizando la propiedad y el control de los medios de producción; y la tarea política sería instituir una democracia radical que garantizara la extinción de la forma democrática de Estado. En fin, el mayor “logro” de la revolución marxista fue la instauración del socialismo de Estado entendido como el uso de los instrumentos del Estado para construcción de “algún” modelo socialista; al tiempo que el capitalismo ha mantenido su vigencia a escala mundial lo cual ha “facilitado” la supervivencia del marxismo a la luz de un sueño o hipocresía de una “utopía realizable” en pro de un socialismo a nivel mundialo al menos latinoamericano impuesto a la fuerzacomo respuesta a un terrorismo destructor de democracias.

Economista Jesús Alexis González 

Noviembre 03/2019

El riesgo de despolitizar la política.

Resulta una verdad evidente por sí misma, que mientras las sociedades avanzan los modelos políticos permanecen “atascados” en la posmodernidad con fundamentos obsoletos que “dinamitan” el puente comunicacional con los ciudadanos, al extremo que en el presente se refleja una devaluación del componente político de la política observada, por una parte, en una ausencia plena de las ideologías (conjunto de ideas que caracterizan un movimiento político) y en una crisis de representatividad de los partidos políticos tradicionales y del Parlamento (que emanó en los años 90) hasta configurar un discurso antipolitico de la política, al tiempo que la “actividad política” se ha venido enmarcando en una permanente confrontación tanto implícita como explícita entre los propios políticos con la transversal acusación que ellos solo defienden sus intereses particulares alejados de la realidad social; y por otra parte, ante el malestar ciudadano inducido por una manifiesta ausencia de ética pública y de una desmoralización del pueblo frente a la corrupción. 

Es así, que el desafecto de la población por la política partidista no emana de un ciudadano “contrario” sino desencantado y defraudado con la inoperatividad del sistema democrático alejado del pueblo y al servicio de sí mismo a la luz de una partidocracia, entendida como el fenómeno mediante el cual los órganos fundamentales del Estado se convierten en meros ejecutores de las decisiones adoptadas en la esfera de los partidos, al punto de desalentar la unión de la voluntad ciudadana y de propiciar una conexión con la denominada posdemocracia asumida como un “simulacro” de democracia donde el pueblo no ejerce poder alguno, al tiempo que se desploman los partidos políticos en razón al “desprestigio” de la política que actúa sin ambicionar cambios económico-sociales en un contexto donde la democracia ha sido “raptada” por la partidocracia. Ante tal situación, surge el deseo e inquietud por despolitizar la política fundamentándose en dos visiones: 1.- Instrumentando la corrección ética de la cultura política para reencausar (sanear) su acción, impulsando cambios profundos en la ineficiente partidocracia; y 2.- Postulando el predominio del mercado económico sin interferencias de orden político, proponiendo gobiernos tecnócratas con enfoques empresariales que conciban la gestión del Estado con una transversalidad eminentemente gerencial. 

Es de acotar, que la posmodernidad hace referencia a una ideología,y no a una época, que parte de la subjetividad de cada uno, es decir de la verdad individual razón por la cual, se sostiene, no existen verdades absolutas habida cuenta de ser consideradas totalitarias e impositivas,al extremo de afirmar que todos somos totalmente diferentes e igualmente que la política no está concentrada alrededor de partidos políticos. La anti-política, por su parte, ha de entenderse como un rechazo al supuesto que la política pueda ser utilizada para cambiar la sociedad; afirmación que conduce hacia: A.- Una despolitización (existencia de una opinión pública marcadamente pasiva, en conjunto con una muy baja participación ciudadana); B.- Una desideologización (prohibición de la crítica y la disidencia interna como expresión de debate); y C.- Un apoliticismo (conducta estratégica para alejarse del “desprestigio” que envuelve a los partidos y a la política en general). 

Desde un ángulo complementario, resulta pertinente señalar que el enfoque de lo político vinculado con un ambiente entre “enemigos” o “adversarios” que caracteriza el devenir del comportamiento partidista, está conduciendo, irreversiblemente, hacia la presencia de planes y proyectos antagónicos con identificaciones nominales en aras de una demarcación que pretende atraer voluntades a pesar de estar huérfanos de ideologías las cuales son “suplantadas” por identidades personales tal como: Castrismo, Peronismo, Chavismo y un largo etcétera, en un contexto populista (muy especialmente en Latinoamérica) que en nada se sostienen sobre propuestas concretas en función de un mejor país que incluya, al menos, una reducción de las desigualdades sociales; con el agravante que las decisiones políticas de relevancia se toman en el seno de las instituciones partidistas a pesar de su ineficacia decisional, antes de ser elevadas, como formalidad, al Parlamento o su equivalente para su “aprobación” (¿?).

Reflexión final: En contrario a la despolitización de la política, se hace urgente y necesario recrear la confianza en la política como un instrumento de cambio para generar un proyecto colectivo nacional a la luz de un imperativo ético-político, dando por sabido que la política está signada por la presencia de relaciones desiguales de poder y dominación y por ende motivadora de confrontaciones grupales por la hegemonía del espacio social, lo cual desemboca irreversiblemente en una rivalidad entre organizaciones partidistas en función de defender sus aspiraciones sectoriales, las cuales colocan por encima de la democracia y del país. A tenor de ello, se deben hacer los mayores esfuerzos por constituir un nuevo orden colectivo en favor de una democracia que apuntale la inclusión social, la distribución equitativa de la riqueza y el poder y la aceptación de la pluralidad de ideas; so pena de abonar en favor del socialismo-comunismo al hacerlo parecer como alternativa única para alcanzar ese nuevo orden colectivo. Esa fue la puerta por donde entró electoralmente Hugo Chávez a Venezuela, y veinte años después cerca del 20% de la población (unos 5 millones de personas) se ha visto en la necesidad de abandonar el suelo patrio.

Economista Jesús Alexis González

Octubre 27/219