Venezuela, elecciones libres y justas en tiranía: una utopía.

Jesús Alexis González
Jesús Alexis González

El Grupo Internacional de Contacto, en su reciente visita a Venezuela (16 y 17 mayo/2019), enfatizó sobre la necesidad de “facilitar una solución pacífica y democrática en manos de los venezolanos”, a la luz de unas “elecciones presidenciales libres y justas” de acuerdo con la CRBV.

A efectos de juzgar la posibilidad de celebrar, en presencia de un régimen tiránico, tal evento electoral libre (persona que tiene capacidad para escoger y dirigir su forma de actuar o de pensar) y justo (situación que se ajusta a una ley), se hace obligante repasar ciertos hechos acaecidos en nuestro país que alteraron (alteran) la transparencia de todo proceso electoral. Es así, que, a decir de expertos en la materia, gracias al sistema automatizado implementado por la empresa Smartmatic en 2004 se hizo posible que los miembros del “crimen organizado se atornillaran en el gobierno venezolano” (Rubén Bustillos, octubre 2017) apuntalados por el, supuestamente, “sistema electoral más seguro del mundo” (¿?); que en efecto le facilitó al chavismo-madurismo “reflejar triunfos inobjetables” (¿?) con excepción de las Elecciones Parlamentarias del 5D-2015, en razón a que los técnicos de Smartmatic no participaron (“diferencias” entre el régimen y los accionistas) y por ende la dictadura no  pudo alterar los resultados.

Es de acotar, que en función a la “realidad numérica de los resultados” (¿?) la auditoria en las mesas electorales (conteo de votos) no han reflejado (reflejan) la existencia de disparidades y trampas (acción que tiene como fin engañar) habida cuenta que los “resultados” siempre se “ajustaban (ajustan) a la verdad contable” (¿?), al punto que la auditoria mesa por mesa siempre certificaba (certifica) una exactitud numérica; en razón que el Registro Electoral contiene una altísima cantidad de electores (más de un millón) con cédula de identidad de origen ilegal pero validadas electoralmente, emitidas fraudulentamente bien por duplicidad a votantes nacionales o bien emanadas de la cedulación de extranjeros incorporados “legalmente” (¿?) a dicho Registro Electoral en aras de “transformarlos” en “legítimos votantes” (¿?); los cuales eran (son) ubicados en Centros Electorales de “características especiales” que les permitía (permite) “ejercer el derecho al voto” en al menos dos de dichos Centros, muy específicamente en aquellos que permanecían (permanecen) abiertos “hasta tanto hubiesen votantes en cola”, que en la mayoría de los casos estaban ubicados en zonas inhóspitas y de difícil acceso para los miembros, testigos y votantes contrarios a la dictadura; lo cual facilitaba (facilita) una triquiñuela adicional: los integrantes de las mesas eran (son) seleccionados al momento de iniciarse el proceso de votación cuando, obviamente, solo estaban (están) votantes vinculados con el régimen.

Extender el horario de votación, justificaba (justifica) la prohibición oficial de emitir resultados parciales, estimaciones y proyecciones hasta tanto se cumpliera (cumpla) la perversa estrategia de retrasar la culminación del evento de votación; para que luego de transcurrida una diabólica espera el infame organismo electoral (léase cne, en minúscula) procedía (procede) al anuncio de las “tendencias irreversibles” (¿?) que, como es de suponer, siempre eran (son) distintas a las que hasta ese instante manejaban (manejan) los partidos políticos y los medios de comunicación, a pesar de estar fundamentadas en el manejo digitalizado de los resultados oficiales obtenidos y suministrados por los propios miembros de las “mesas tempranas”,  que en la mayoría de las oportunidades  proyectaba una “tendencia irreversible” en favor de la oposición que luego se desvanecía (desvanece) por la acción de una avalancha de votos falsos-verdaderos provenientes de las “mesas tardías” (¿?). A tenor de lo descrito, vale recordar que el régimen venezolano le entregó hace mucho tiempo a Cuba tanto el control del sistema de cedulación como el del registro de ciudadanos (sobran los comentarios). 

Resulta una manifiesta obviedad, señalar que el escenario referenciado era (es) solo posible gracias a la complicidad del cne (minúsculas intencionales) que permitía (permite), entre otras irregularidades, mantener las mesas abiertas más allá de la hora oficial de cierre aun sin la presencia de electores en pro de dar tiempo para coordinar la votación de aquellos con doble y hasta triple cédula de identidad (único documento exigido) ya incluidas en el Registro Electoral, y que evidentemente aparecían (aparecen) en los libros de votación; o lo que es lo mismo la trampa estaba (está) ya orquestada por la sencilla razón que el Registro Electoral estaba (está) viciado con electores inflados, al extremo de perfeccionar la ¡simbiosis trampa-legalidad! sin que pueda demostrarse (desafortunadamente) algún tipo de fraude electrónico asumido como una alteración de los sistemas o una sustracción de datos y archivos, siendo un hecho posible como consecuencia de una “corrupción electoral” que ha facilitado la instrumentación de acciones incorrectas que no se  llegan a conocer (descubrir) estructuralmente ante la dificultad de encontrar “pruebas”, aunado a la complicidad de delincuentes electorales y de cooperantes fraudulentos que operaban (operan) con plena impunidad ante la ausencia, inducida, de miembros de mesa opuestos a la dictadura; tal como al momento de la instalación de las respectivas mesas cuando se suscribe el Acta de Iniciación equivalente a un “escrutinio de inicio” para verificar que las maquinas no contengan datos (debe estar en cero); e igualmente cuando se realiza el Escrutinio Nominal y se genera el denominado “chorizo” contentivo de los “resultados auténticos” (¿?) donde queda plasmada la paridad (¿?) entre el cuaderno de votación de electores y el número de votantes registrados.

Reflexión final: A manera de síntesis, vale la pena afirmar que el régimen ha sabido instrumentar una estrategia equivalente a un “fraude legalizado” que materializan complementariamente mediante, por una parte, la reubicación de mesas (usualmente efectuado de manera extemporánea) hacia zonas con críticas condiciones de inseguridad personal, y, por otra parte, por el funcionamiento de la denominada “hora loca” (unas cuatro o más horas) tiempo durante el cual se mantiene un “silencio sepulcral” que se interrumpe con una cadena nacional de radio y televisión para anunciar las “tendencias irreversibles” que siempre, “curiosamente”, son favorables a la dictadura salvo las Parlamentarias del 2015 por las razones antes citadas.

En aras de procurar, con la inmediatez posible, terminar de poner fin a este nefasto régimen, se debe evitar caer en un debate nacional e internacional sobre la concepción legalista del fraude electoral tanto con visión general, como particular referido al proceso de reelección de N. Maduro, al constituir una acción que alargaría la permanencia de la tiranía. Muy por el contrario, debemos aglutinarnos en torno a la Agenda planteada por el Presidente (E) J. Guaidó enfatizando en el cese de la usurpación y así poder refundar el Sistema Electoral como condición para la celebración de unas elecciones libres y justas.

Economista Jesús Alexis González

Mayo 20/2019

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