Hiperinflación, ¿hasta dónde llegará?

Jesús Alexis González
Jesús Alexis González

Iniciemos con una inquietud: cómo Venezuela, habiendo experimentado a partir del año 2014 una brusca disminución del ingreso en divisas en razón tanto a la caída del precio del petróleo como del volumen de producción, ha podido mantener la tendencia incremental del gasto público. Muy sencillo: con una hiperinflación, impulsada por un aumento persistente de la liquidez monetaria (billetes y monedas en poder del público y sus depósitos totales en el sistema bancario) que presiona el nivel de precios ante la presencia de más bolívares que no encuentran productos y divisas que demandar, y tal desequilibrio oferta-demanda es “corregido” por la inflación al disminuir la “capacidad de uso” del dinero. Es así, que la liquidez monetaria para abril 2018 se ubicó en Bs 595,5 billones para un incremento de 4.400% con respecto al mismo mes 2017 hasta situarse en Bs 1.137 billones (1,1 trillones) cuyo crecimiento estuvo fundamentalmente inducido por el incremento del déficit fiscal que el régimen, irresponsablemente, intenta compensar mediante la impresión de dinero inorgánico (sin respaldo en divisas) en pro de mantener la tendencia creciente del gasto público como si el país no estuviese enfrentando una crisis; trayendo como resultado una materialización de la hiperinflación. Sirva de simple referencia, que un paquete de 100 billetes de Bs 100 (Bs 1.000.000) pesa ¡10 kilos! de lo cual se desprende que para adquirir la canasta alimentaria a finales de 2018 (Bs 500.000.000) se necesitarán ¡500 kilos de billetes de Bs 100!

La hiperinflación, ha de entenderse como un aumento mensual de precios de 50% o más que en lo especifico de Venezuela se ubicó en 13.779% para el lapso abril 2017-2018, al tiempo que el índice de precios de abril 2018 alcanzó un 80.1%. De igual modo, durante el primer semestre 2018 el régimen aumentó la liquidez monetaria en un 844% para una expansión anual (abril 2017-2018) superior al 4.000% (ya citado) mientras que el presupuesto nacional fue superior en 322 billones de bolívares al tiempo que la inflación acumulada se situó en 897%,  en un escenario generado por la emisión de dinero por parte del Banco Central que luego es convertido en créditos adicionales (sin la aprobación previa de la Asamblea Nacional de la correspondiente solicitud de gasto extraordinario habida cuenta que el TSJ la mantiene en “desacato”); en un contexto expansivo del gasto público a pesar que la producción petrolera mayo 2013-2018 (periodo “madurista”) se redujo en 1.240.000 b/d desde 2.745.000 b/d hasta 1.505.000 b/d; y en consecuencia el país experimentó una disminución de sus ingresos por un monto superior a los ¡$ 60.000 millones!

La hiperinflación, ha sido históricamente combatida con éxito a nivel mundial mediante la aplicación de dos acciones básicas: A.- El Banco Central no continuó financiando el déficit del sector público (en el caso venezolano el déficit fiscal año 2017 alcanzó un 20% del PIB), B.- El gobierno equilibró sus ingresos y gastos. En este sentido, vale citar los casos de: Argentina año 1989 cuando la inflación se situó en 4.923% causado principalmente por la caída del precio de las materias primas que propició una reducción de los ingresos del país, y por un elevado déficit fiscal situación que fue combatida con la disminución de la cantidad de dinero inorgánico en circulación (y prohibiendo nuevas emisiones) que obviamente devaluaba la moneda y generaba un alza en los precios; luego de lo cual la inflación pasó de 3.079% en 1990 hasta 24% en 1993. Brasil mediados del 92, reflejaba una inflación de 2.075% hasta que en el año 1993 se efectuó un cambio de moneda alineada con el dólar USA, hecho que propició la disminución de la inflación hasta un 43,1% en 1994 y a un 1,7% en 1995. Bolivia año 1985, la hiperinflación registró un 11.000% al extremo de destruir el aparato productivo e inducir un fuerte incremento de la pobreza en mucho causado, tanto por un endeudamiento financiado con la creación de dinero inorgánico como por la caída del precio de las materias primas que evidentemente disminuyó los ingresos del país al tiempo de propiciar una caída de las importaciones y por ende una escasez de bienes (principalmente alimentos). La salida de la crisis, se encontró al aplicar un programa de estabilización monetario basado en un cambio de moneda en el marco de un control de la base monetaria, la instrumentación de un tipo de cambio flotante y un rígido control del gasto público; que en conjunto logró reducir la inflación a un dígito. Perú año 1990, con una inflación acumulada de 2.000% que fue originada por la aplicación de políticas sociales de corte populista que agotaron el presupuesto nacional e indujeron un déficit fiscal financiado mediante el consumo progresivo de las reservas internacionales, propiciando en conjunto una acelerada devaluación de la moneda que consecuentemente aumentó el nivel de precios, incrementó la pobreza y paralizó el crecimiento económico. Para salir de la crisis, se implementó un programa parecido al instrumentado por Bolivia (arriba citado) en armonía con un ajuste de las cuentas públicas y una drástica reducción de los subsidios, hasta que la inflación llegó a un dígito.

En cuanto a Venezuela, las causas de la hiperinflación son muy parecidas a la de los países antes descritos, y por ende su solución ha de encontrarse en la instrumentación de medidas de corte similar a las aplicadas con éxito por los respectivos ¡GOBIERNOS!

Reflexión final: A manera de respuesta al título del presente artículo, vale sostener que ello sucederá cuando 1.- Todos estemos en la pobreza extrema y no haga falta el dinero; o 2.- Con un cambio de política económica que será solo posible con un cambio de régimen.

Economista Jesús Alexis González

11/junio/2018

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *