Los hogares sangran y aumenta la arrechera.

Jesús Alexis González
Jesús Alexis González

Una acotación previa en aras de puntualizar el título del artículo: Según StackExchange, la palabra arrecho se utiliza para expresar tanto cosas malas como cosas buenas. En situaciones malas hace referencia a cuando una persona está enojada, furiosa o disgustada por la situación que está viviendo en ese momento; mientras que en situaciones buenas se usa para describir algo que ha sido fascinante, espectacular o satisfactorio. En cuanto al presente artículo, relacionado con Venezuela, no ha de existir duda alguna sobre el significado que le estamos asignando.

Es así, que para contextualizar y “cuantificar” el tamaño del ¡enojo! basta con algunas referencias: un Informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) de enero 2018 afirma que la crisis continúa en materia económica, política y humanitaria infligida por las políticas del gobierno; como consecuencia de ello, y de nuestra parte, podemos señalar que el PIB (valor de los bienes y servicios producidos en el país) disminuyó un -14% en 2015, un -16% en 2016, un -9,5%en 2017 y se prevé que caiga un -5,5% en 2018; siendo por tanto el cuarto año consecutivo de contracciones de dos dígitos, con obvio impacto en la escasez de alimentos y medicinas al extremo que la gente busca comida (¿?) en los contenedores de basura al tiempo que el porcentaje de pobreza supera el 80%, presenta igualmente un altísimo desempleo aparentemente neutralizado con el aumento del sector informal y del “bachaqueo”, el salario mínimo integral es de apenas 2$ mensual al cambio oficial (agosto 2018), los ciudadanos están huyendo (emigrando) por miles con clara fractura de la familia, la hiperinflación está disparada debido, fundamentalmente, a la pérdida de confianza en la moneda nacional (un bolívar casi inútil) y a la sistemática emisión de dinero sin respaldo (inorgánico); entre otros males. Tan cruenta crisis, es impulsada por otros aspectos puntuales: La producción de petróleo continúa cayendo hasta ubicarse para julio 2018 en 1,2 mill/bd (desde 3,8 mill/bd al momento de interrumpirse la democracia), las reservas internacionales al 19/07/2018 apenas alcanzaron los US$ 8.770 mill de las cuales solo unos US$ 175 mill eran liquidas (divisas) lo cual explica que en la última subasta de divisas de este año se concretaron US$ 100.000,00; el país ha perdido desde 2013 más del 50% del tamaño de la economía una catástrofe que comparativamente facilita visualizar mejor el “desgobierno”: A.- En la mayor depresión de EEUU (1928-1933) la economía se redujo en un -29%; B.- En la reciente explosión de la burbuja inmobiliaria en EEUU (2008) la economía se redujo un -3%; C.- Durante la guerra civil española (1936-1939) la economía se redujo un -28,7%.

Desde un ángulo complementario que estimula la ¡furia! ciudadana ante los daños patrimoniales causados a la nación, vale citar que el Tribunal Supremo de Justicia en el exilio inició en la sede del Congreso de Colombia (02/08/2018) un juicio contra N. Maduro a petición de la Fiscal General de Venezuela en el exilio quien sostuvo que el régimen venezolano pagó a Odebrecht (empresa constructora brasileña que mediante convenio firmado por los presidentes L. Da silva y H. Chávez le eran asignadas grandes obras ¡sin licitación!) más de 35.000 millones de dólares y más de 2.300 millones de euros por obras sin terminar; actuación que “encuadra perfectamente dentro de los tipos penales de corrupción propia y legitimación de capitales en opinión de la citada Fiscal General. Como complemento de la ¡furia! inducida por el hecho antes citado, aún permanece en la memoria ciudadana que en el año 2013 (19 de marzo) los exministros de H. Chávez, Jorge Giordani y Héctor Navarro solicitaron abrir una investigación para “rastrear” el destino de más de 300.000 millones de US$ que en opinión de los denunciantes fueron malversados en un lapso de diez años (30.000 mill US$/anuales; 25 mill US$/mensuales) a través de una red de corrupción de entes públicos y privados haciendo uso de las facilidades que confiere el control de cambios (a íntimos del régimen); al tiempo que más de 3.000 millones de US$ de ingresos petroleros ¡no tenían respaldos suficientes! lo cual permite sospechar, sostuvieron los exministros denunciantes, que fueron malversados a través de importaciones ficticias y sobreprecios; para concluir afirmando que “aquí se construyó una banda donde lo que importa es ponerle la mano al recurso financiero, a la captación de la renta petrolera”. No conforme con todo lo descrito, y con obvio efecto expansivo de la ¡furia! ciudadana, en la actualidad está abierto un Expediente en una Corte de Florida, USA bajo la denominación de Operación fuga de dinero donde “autoridades de EEUU investigan a funcionarios del gobierno de Venezuela y a miembros de las élites del país por lavar más de US$ 1.200 millones sustraídos ilegalmente de PDVSA (insightcrime.org).

En tercer lugar (sin que implique ubicación jerárquica), podemos mencionar como detonante del ¡disgusto! ciudadano lo referente a la percepción negativa (con o sin fundamento) que tiene un alto porcentaje de la población en cuanto al desenvolvimiento de los partidos políticos ( desde los 10 últimos años de la democracia y con mayor énfasis desde la llegada de la invasión socialista-comunista), con una memoria sensible focalizada en algunos partidos del bloque opositor ante, sostienen, el abandono de los manifestantes (mayoritariamente jóvenes) al momento que se luchaba por la celebración de un referendo revocatorio presidencial (inicialmente previsto para el IT del 2016, luego pospuesto para el IT 2017, y finalmente ¡nunca!) abriendo espacio a una represión militar del régimen con un saldo superior a 140 asesinatos, con el agravante que dicho bloque “acordó” con inmediatez incorporarse a una farsa de diálogo con el régimen, que le dio tiempo para instalar el 30/07/2017 una Asamblea Nacional Constituyente que contribuyó al “enfriamiento de las calles” y a la consolidación de la dictadura. De igual modo, los partidos políticos opositores han de superar el utópico planteamiento (para el caso venezolano) de negociar con un régimen que durante ¡veinte años! se ha burlado de esa alternativa como medio para revertir su nefasto enfoque ideológico, al extremo que lo único “negociable” en la actualidad en aras de detener la hecatombe nacional, es la dimisión del presidente a la luz de su renuncia o abandono del cargo so pena de darse continuidad “democrática” a un nuevo periodo constitucional  2019-2024 (a pesar de un rechazo a la actual gestión superior al 80%) siendo un hecho que implícitamente le conferirá legalidad (todo aquello que ocurre dentro del marco legal) y legitimidad (validez o verdad de un asunto) a la farsa electoral del 20-M, denunciada incluso por los mismos “convalidadores” que participaron en ese proceso carente de transparencia e igualmente desconocido por una abrumadora cantidad de países; en una malvada acción que facilitó una votación sin elección propiciando una confiscación de la voluntad del pueblo. En el mismo contexto de percepción negativa, podemos incorporar el rechazo al reduccionismo unidireccional de un bloque opositor en pro de “alcanzar la unidad” con la intención subyacente de procurar un candidato único salido de la dictadura partidista (al margen de la voluntad del pueblo) como la alternativa válida para enfrentar con “éxito” (¿?) a la dictadura en un imaginario evento electoral transparente (¡!) dentro de seis años, es decir ¡en 2024! cuando el país se encontrará (ceteris paribus) signado por una cruel pobreza espiritual y material; o como señaló en su oportunidad J.M. Keynes: ¡cuando todos estemos muertos!

Reflexión final: Expresada como ha sido la ¡arrechera acumulada! por la mayoría poblacional, se infiere que Venezuela se encuentra en el momento oportuno para adelantar “Conversatorios del pueblo con el pueblo” sin la imposición de argumentos por parte de los partidos políticos, pero con el “salón abierto” para su incorporación como una voz más, con el propósito de concentrar la “energía opositora”, entendida como la capacidad que posee la población para adelantar acciones y/o trabajos, en aras de generar un cambio por la vía constitucional, y para lo cual la calle ha de ser el sitio de permanente reunión para expresar propuestas y para ¡exigir respuestas!

Economista Jesús Alexis González

05/agosto/2018

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