Ingenuidad por elecciones limpias en un Estado forajido.

Jesús Alexis González
Jesús Alexis González

Un Estado forajido, es aquel donde el Gobierno toma decisiones negando  la importancia debida  a los derechos humanos (DDHH) al extremo de convertir la justicia en una farsa (enredo que tiene como fin engañar o aparentar) sustituyendo las normas éticas de la convivencia social por un comportamiento propio de bandidos y no de estadista (persona experta en asuntos de Estado o en política); al extremo de irrespetar de forma reiterada el principio de  juridicidad (garantía que tiene el ciudadano que cuando la administración actúa lo hace por habilitación establecida en la norma) en una actuación desprovista de moral hasta conformar una especie de banda gubernamental  integrada por miembros aventajados en la comisión de delitos, y de un cinismo puesto en escena donde todo se finge y en la que todo se responde con dosis de histrionismo” (inclinación hacia comportamientos desmedidos, teatrales y poco naturales). La conceptualización original de Estado forajido se debe al filósofo estadounidense John Ranls (1921-1992) en su libro “Una teoría de la justicia”; donde igualmente sostiene  la simultánea presencia de un Gobierno forajido que no respeta las leyes y normas de convivencia internacional, al tiempo de representar una peligrosa amenaza para los países vecinos y para el ámbito regional en razón de incumplir las leyes y convenios internacionales vinculadas con el mantenimiento del orden y la paz mundial; y que igualmente viola el Estado de derecho al eliminar la independencia entre los poderes públicos: ejecutivo, legislativo y judicial.

Es de obviedad manifiesta, la simbiosis (asociación íntima entre organismos de especies diferentes para beneficiarse mutuamente en su desarrollo) que existe entre Estado forajido y Gobierno forajido al punto de constituir un dúo explosivo y devastador; entendido este último como el poder político que se coloca al margen de las normas consagradas en el derecho internacional, a efectos de cometer tanto acciones ilegales abusando de su poder o autoridad como desmanes (acción abusiva con la que molestan a los demás). Es de acotar, que en el marco de un Estado forajido está implícito un gobierno de facto (vacío de poder ante la presencia de un gobierno “oficial” que no es operativo y, por necesidades prácticas surge algún sistema de gobierno “no oficial” que toma las riendas) habida cuenta que la Presidencia de la República ha perdido su razón de ser ante su ausencia de liderazgo, complicidad intencional con la corrupción e ineficiencia en la instrumentación de políticas públicas, lo cual intentan sustituir mediante la estructuración de una sociedad que piense y actúe como ellos al margen de cualquier enfoque de cohesión social sustentado en libertad y democracia; en un contexto de lealtad incondicional con implícito desprecio hacia  las ideas emanadas de la inteligencia de los ciudadanos en aras de potenciar un poder eterno para perfilar la crispación social (irritación e ira de los ciudadanos) y la inestabilidad política en pro de “justificar” la represión del pueblo (en variadas formas y modalidades) haciendo uso de un  “terrorismo de Estado” cargado de violencia y de presidio , persecución o inhabilitación para todo pensamiento opositor.

Venezuela en el presente refleja, sin duda alguna, características de Estado forajido habida cuenta de su sistemático incumplimiento del marco jurídico internacional, así como por la permanente violación de los derechos humanos y por la ya citada ruptura de la obligante independencia entre los poderes públicos. A tenor de ello, asumimos que la simple aspiración en pro que un gobierno forajido, fracasado y aislado internacionalmente celebre un proceso electoral presidencial limpio y justo, no es más que una semerenda ingenuidad (inocencia y carencia de malas intenciones); o en su defecto una estrategia concertada para “mostrar” cara al 20-M un evento con “múltiples candidatos” de orientaciones ideológicas opuestas a la continuidad de la dictadura y a la destrucción del país;  cuyo resultado, ya cantado, será desconocido por la mayoría de los países del mundo, y a lo sumo la “legitimación electoral” fruto de la comparsa apenas  inducirá un breve retardo en la consecución de una elección presidencial signada por condiciones justas (incluida la depuración del Registro Electoral), donde la presión internacional y un pueblo alejado de la permisividad ejercerán un papel preponderante.

Reflexión final: Resulta profundamente preocupante, la intentona reduccionista que emana de ambos “bloques” (¿?) en función de orientar el “debate electoral” (¿?) entre votar por el gobierno para poder comer o votar contra la abstención para legitimar la continuidad dictatorial.

Ante tan dantesca “comedia electoral”, nos permitimos finalizar con una cita: “No hay espectáculo, en verdad más odioso que el de los talentos serviles” (José Martí).

Economista Jesús Alexis González

Mayo 13, 2018.

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