Dolarización sin divisas: otra farsa electoral.

Jesús Alexis González
Jesús Alexis González

Es usual en los eventos electorales, tal como la parodia  presidencial (ridiculización de la voluntad del pueblo) del venidero 20-M, que se formulen “farsas” promesas (obra de teatro breve de carácter satírico) a la luz de un populismo construido con verdades a medias (conceptualmente validas pero de utópica realización) como proponer una dolarización (sustitución del bolívar) con menguadas reservas internacionales (disponibilidad de divisas)  que obviamente impide, tanto el obligatorio anclaje cambiario para su instrumentación (fijar el precio del US$ u otra moneda con el respaldo de las reservas internacionales), como para poder sostener el tipo de cambio que hace referencia a la cantidad de monedas que se necesitan de  una divisa, p.ej. Bs,  para obtener una unidad de otra, p.ej. US$.

Desde una visión complementaria, vale resaltar el nefasto impacto que sobre la economía venezolana ha tenido el anclaje del tipo de cambio como estrategia antinflacionaria (con profundo fracaso “revolucionario”) en un contexto de devaluaciones continuas como práctica suicida que antecede en cada oportunidad una “nueva estabilización del dólar” en pro de intentar controlar la inflación manteniendo la paridad por un largo período sin procurar reformas estructurales; siendo que el régimen chavista-madurista ha usado el US$ como ancla para intentar frenar la inflación abaratando las importaciones y para soslayar las ineficiencias estructurales , siendo una estrategia que se desvaneció (y creemos para siempre) luego de la caída a nivel mundial del precio del petróleo en conjunto con la aparición de nuevos oferentes como EEUU,  así como por la disminución a nivel nacional de la producción petrolera,}; todo lo cual  ha inducido una tendencia decreciente de las reservas internacionales en divisas con el agravante de haberse generado la percepción que el Estado venezolano no está, en el futuro inmediato, en capacidad de sostener algún tipo de paridad ni de ofrecer dólares a través del sistema cambiario, hecho que propicia una pronunciada elevación del tipo de cambio en un voraz mercado paralelo con  impacto sobre el precio de los productos e insumos importados que ha desatado una hiperinflación.

El despiadado ambiente hiperinflacionario que muestra Venezuela, en armonía con el control de cambio, ha desatado en las personas el deseo de adquirir US$ como moneda segura y estable en contraposición al bolívar que pierde a diario su capacidad de compra, lo cual continuará aun cuando se instrumente un cambio de moneda habida cuenta que la hiperinflación persistirá ante la escasez de divisas para importar. De igual modo, la tendencia alcista de los precios cobra vigor como reacción a la sistemática expansión primaria de moneda de carácter inorgánico (no respaldada en divisas ni proveniente de la actividad del aparato productivo) cuyo porcentaje de incremento supera abiertamente el porcentaje de crecimiento de la oferta de bienes y servicios; siendo lo más preocupante que la “alegre” expansión del circulante está destinada a financiar el populismo salarial y la “repartidera” de bonos en un contexto de mínima producción interna (cerca del 70% de las industrias han desaparecido), y de una también mínima o inexistente oferta de productos importados ante la situación crítica de las divisas disponibles en las reservas internacionales, que ya ha reducido el control de cambio impuesto desde el 2003 al rol de instrumento político y de medio para la corrupción; con el añadido que la viciada expansión monetaria el régimen intenta luego neutralizarla mediante la emisión de deuda interna (bonos para recoger parcialmente el exceso de circulante) de obligatoria adquisición por parte de la banca privada nacional, que ante la elevada tenencia de dicha deuda siempre está en riesgo de ser “estatizada” al serle imputado algún “fraude” vinculado con el uso las pocas divisas que en la práctica es el régimen quien las maneja a discrecionalidad; lo cual facilita inferir que el interés  que subyace es convertirlos en  “entes del gobierno” para posteriormente desviar los depósitos del público hacia fines gubernamentales.

Por otra parte, resulta pertinente resaltar que Venezuela en los últimos años no ha contado con el superávit fiscal necesario para sostener algún tipo de cambio de equilibrio, en razón de lo cual el Banco Central de Venezuela emite bolívares a granel con la intención soterrada de crear una masa monetaria que contribuye a mantener un dólar alto (muchos bolívares persiguiendo unos pocos dólares) a costa de una hiperinflación que termina fulminando los precios relativos (los precios no permiten establecer comparaciones y equivalencias entre productos) al tiempo de perfilar una “locura de precios” que acaba con nuestro nivel de vida, con la paz y la esperanza. Al encontrarse el país en el umbral de la hecatombe, el régimen recurre a su acostumbrada externalidad (el culpable es otro): Existe una guerra económica y se está especulando con el dólar (¡!); cuando a ciencia cierta el verdadero problema radica en una inmensa circulación de bolívares que los ciudadanos desprecian (o quieren salir de ellos rápidamente comprando “lo que sea al precio que sea”) ante la evidencia que nuestra moneda ha perdido sus funciones muy especialmente la de medio de compra.

A tenor de lo expuesto, nos surge una interrogante: El circulo monetario vicioso donde transcurre Venezuela (gracias al impulso chavista-madurista) obligará a que se recurra a la dolarización como único enfoque de política económica ?

El indefinido socialismo del siglo XXI, en sus veinte años en el poder (sin gobernar) ha pavimentado un camino que conduce hacia la crisis permanente cuya reversión es poco probable mediante la instrumentación de una simple y descontextualizada dolarización (sustituir el bolívar por otra moneda no necesariamente el US$).

Reflexión final: Resolver los actuales problemas estructurales de la economía venezolana, requiere de una economía sana y competitiva que tenga como contrapartida un bolívar fuerte en lugar de intentar instrumentar una dolarización que exige de antemano el restablecimiento del equilibrio macroeconómico y de la restauración de la institucionalidad en democracia (con énfasis en la restitución de la autonomía al BCV). Siendo así, ¿Para qué dolarizar?

Economista Jesús Alexis González

Mayo 06/2018

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