Venezuela, hiperinflación intencional y moneda apátrida.

Jesús Alexis González
Jesús Alexis González

Diversos acontecimientos monetarios acaecidos a lo largo del siglo XX, tal como el abandono del patrón oro (más adelante lo abordamos) y la posterior instauración del patrón dólar (más adelante lo abordamos) fueron el “portón de entrada” para que regímenes irresponsables inflaran su moneda en aras de hacer frente a sus obligaciones, sin tomar en cuenta las horrendas consecuencias de esa destructora política que ha conducido a devastadores momentos de hiperinflación entendida como un aumento de la inflación muy fuerte y prolongado en el tiempo al extremo de trastocar todos los precios de la economía de forma no proporcional (algunos precios suben más que otros) habida cuenta que no existe un nivel de precios (denominación comúnmente mal utilizada).

La hiperinflación como proceso puede caracterizarse en tres etapas: PRIMERA ETAPA: El punto de partida se ubica en la decisión gubernamental de imprimir dinero sin ningún tipo de respaldo metálico con el propósito de autofinanciarse sin haber contribuido a la generación de la riqueza nacional como fuente de la política fiscal—para hacer frente a sus obligaciones y gastos (mayormente populistas y de demagogia electoral) al igual que para pagar una elevada nómina gubernamental, amortizar la deuda pública interna, cubrir el déficit de las empresas estatales, financiar algún inviable modelo económico-ideológico, etc. SEGUNDA ETAPA: Se inicia cuando los ciudadanos perciben que la inflación es una política deliberada del régimen instrumentada con intenciones soterradas y sin interrupción; razón por la cual intentarán canjear su dinero por bienes reales (los necesiten o no) induciendo que la función del dinero como depósito de valor (su poder adquisitivo trasciende en el tiempo) se desplome ante la percepción de una caída de su poder adquisitivo al punto que algunos bienes son utilizados como valor-refugio (con la esperanza de su revalorización a futuro); hecho que en conjunto  impulsa un alza de los precios ante el impacto de la demanda anticipada de bienes reales que de igual modo induce una mayor movilización del dinero en efectivo en pro de intentar adquirir, sin retardo, dichos bienes que diariamente aumentan de precio, trayendo como consecuencia que la cantidad de dinero que circula en la economía se haga insuficiente, en razón a que los precios en su subida absorben una cantidad de dinero adicional generando una escasez de efectivo que el régimen “enfrenta” emitiendo mucho más circulante y/o incorporando un nuevo cono monetario (conjunto de monedas de más alto valor) que continuará siendo insuficiente e impulsando la inflación. TERCERA ETAPA: Se alcanza cuando el sistema monetario queda destruido ya que la moneda nacional prácticamente ¡es repudiada por los ciudadanos! dando preferencia al uso de divisas de mayor fortaleza, al extremo de impulsar que el Estado sienta la necesidad de crear una nueva moneda canjeable por la antigua en aras de combatir el proceso de dolarización espontánea de la economía. Vale acotar que, adicionalmente, la hiperinflación trae consigo otras consecuencias 1.- Un empobrecimiento masivo, escasez y desempleo; 2.- Una caída de los salarios reales a pesar de los incrementos nominales; 3.- Una reducción y obsolescencia de la estructura productiva nacional ante la disminución de las inversiones.

Es de señalar, que la principal, pero no única, causa de la hiperinflación es el exceso de emisión de dinero en mucho propiciada por la eliminación del patrón oro que hace referencia a un sistema monetario respaldado por el oro donde el valor de cada unidad monetaria se fijaba en términos de una cantidad específica de oro de forma tal que el país emisor de la moneda garantizaba que estuviese respaldada con oro. Este patrón se mantuvo hasta su abolición en 1971, cuando EEUU renunció a la convertibilidad del dólar en su equivalente en oro luego de haberse escogido  en 1944 en la reunión de Bretton Woods (EEUU)  como moneda eje del patrón oro en función a una estrategia para un mejor funcionamiento del comercio internacional, al tiempo de instituirse como la moneda de intercambio internacional y como principal divisa en las reservas internacionales (para ese momento EEUU contaba con un tercio de las reservas mundiales de oro) bajo la condición que sería convertible a su valor equivalente en oro; y de esta manera las demás monedas se comenzaron a cotizar en dólares como referencia y medio de pago confiable para exportadores e importadores.

La armonía monetaria a nivel internacional que había propiciado el patrón oro, culminó en agosto de 1971 y a partir de ese momento las monedas se sostienen únicamente en razón a la ¡confianza! depositada en ellas a la luz del desenvolvimiento de su economía, es decir se dio origen a un dinero fiduciario que está respaldado en la confianza de la sociedad, es decir que no se basa en el valor de metales preciosos sino en la creencia general de que ese dinero tiene valor a pesar de ser inconvertible y de circular en un sistema de flotación relacionado con el dólar USA hasta perfilar el denominado patrón dólar, siendo un sistema que funcionó medianamente bien hasta la crisis del 2000 cuando algunos “gobernantes” perdieron la moderación en la emisión de dinero fiduciario; tal como el caso venezolano que saltó del puesto 11 en el ranking mundial de hiperinflación 2017 al ¡primer puesto en 2018!, ubicación que con toda seguridad conservará ante la tasa de inflación anualizada esperada para finales de año: 200.000% (en camino de superar históricamente el caso Zimbabue la mayor hiperinflación “por ahora” conocida); al extremo que Venezuela ante el manejo irresponsable e inescrupuloso del régimen de un sistema monetario que debe sustentarse en la confianza, ha perfilado el bolívar como una ¡moneda apátrida! ya que ningún país la considera destinatario; e inclusive a ¡nivel nacional! que de no existir  control de cambio los ciudadanos, con toda seguridad, aspirarían cambiar su existencia monetaria por US$ (u otra divisa) pero que en el presente tampoco podrían hacerlo ya que el país prácticamente ¡no cuenta con divisas en sus reservas internacionales!

Reflexión final: Ante la obviedad que el buen funcionamiento de un sistema monetario depende del sano juicio económico del gobierno, nos resulta difícil visualizar para Venezuela (ceteris paribus) la superación del hecho hiperinflacionario más aún cuando tiene un componente intencional como estrategia para aniquilar el aparato productivo y comercial privado, y de dominación social en el marco de la “mano extendida”; con la torpeza implícita que la cúpula oficialista y sus más cercanos adláteres a pesar de haberse convertido en “nuevos ricos” también vivirán “enclaustrados” en un país signado por la POBREZA.

Economista Jesús Alexis González

Julio/21/2018

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