Totalitarismo por soterramiento en la MUD y apoliticismo incitado

Jesús Alexis Gonzalez

La función básica de los partidos políticos, en su condición de asociaciones voluntarias de ciudadanos es contribuir con la estabilidad de la democracia, y para lo cual han de fijarse como objetivo principal alcanzar y ejercer el poder con el propósito de representar e integrar los múltiples intereses de la sociedad, al tiempo de actuar como intermediarios entre el Estado y el sistema político con especial relevancia cuando están ejerciendo las funciones de gobierno. De igual modo, y cuando se encuentran en el lado opositor, han de participar en el control de la acción gubernamental formulando criticas estructuralmente coherentes y propiciando la movilización de masas para garantizar la soberanía estimulando la presencia ciudadana en el proceso político.

En simultaneidad con la actividad de los partidos políticos, participan tanto los denominados grupos de presión que son  organizaciones que directa o indirectamente intentan influir en las decisiones de dichos partidos y en la opinión pública sin pretender ejercer cargos en los órganos del Estado (grupos religiosos, económicos, sociales, culturales, etc); así como los grupos de interés constituidos por individuos o instituciones que conforman una organización para procurarse beneficios ideológicos o materiales, que en mucho se convierten en grupos de influencia cuando se incorporan a la acción política por intermedio de entes gubernamentales en pro de alcanzar sus objetivos grupales (y en muchos casos sus objetivos personales). Es de manifiesta obviedad, la estrecha relación que existe entre algunos partidos políticos y ciertos grupos de influencia a pesar de sus diferencias esenciales , habida cuenta que los partidos se integran a la política nacional en favor de plantear soluciones globales a la sociedad a diferencia de los grupos de influencia que responden a un interés particular o sectorial.

En la modernidad, con el impulso de la globalización apuntalada por nuevas técnicas de información y comunicación (incluida la aparición de “politólogos del teclado en redes sociales”), en la mayoría de las democracias del mundo los partidos políticos han visto disminuir su protagonismo como “vocero exclusivo” de la sociedad frente al Estado, sin que ello signifique  una  pérdida de su vigencia ya que no puede existir un régimen democrático sin partidos políticos lo cual se enmarca en una perogrullada (afirmación superflua por ser una verdad muy evidente); pero resulta igualmente valido afirmar (como en nuestro caso hacemos) que la democracia pierde legitimidad cuando los partidos actúan con un soterramiento implícito (llevar algo debajo de la superficie para ocultarlo y permitir que se desarrolle enterrado), en un escenario que puede estimular en la cúpula del poder el diabólico pensamiento de su eliminación (v.g. Venezuela) para abrirle espacio al totalitarismo (régimen político que controla todos los aspectos del Estado y de la vida de los ciudadanos) en tránsito hacia una  dictadura (régimen político donde gobierna una sola persona con poder total, sin someterse a ningún tipo de limitaciones.

El más perverso efecto que está induciendo en la conducta de una mayoría de venezolanos el soterramiento de algunos partidos, es una desconfianza por el “pluralismo político MUD” ejercido en torno a una mesa a puertas cerradas en abierto abandono de su rol de gestor de conflictos ciudadanos, a quienes “arrinconan” en torno a una solidaridad incondicional (principio que expresa el compromiso de ayuda mutua, y su ejercicio supone la pertenencia a una comunidad de intereses compartidos) a la luz de un chantaje emocional (forma de control que recurre a la culpa, la obligación o al miedo) en función a una supuesta unidad por la democracia que le ha permitido a un minúsculo número de partidos (de escuálida militancia) comportarse como una vitrina constitucional: “dentro de la MUD todo, fuera de la MUD nada”, en un enfoque que niega la existencia de un sistema de partidos (interacción entre las unidades partidistas) para dar paso al oportunismo (acomodarse a las circunstancias para obtener provecho, subordinando sus propios principios); tal desconfianza, ha incitado (influir vivamente en una persona para que haga cierta cosa)  un apoliticismo (actitud pasiva, indiferente o discrepante ante cualquier pronunciamiento político) y un  crecimiento constante del totalitarismo en un  marco de  fraude sistémico: Venezuela como un todo.

Al propio tiempo, ha surgido otro tipo  venezolano: impotente, humillado, dependiente, impaciente, decepcionado, inseguro, sin sentido de futuro, y más; que para colmo está obligado a escuchar calladamente (so pena de una “excomunión MUD”) que estamos cerca de  una pronta salida (¿?); mientras tanto crece la desarticulación del tejido social y productivo ante una población extremadamente “confundida” que rechaza en simultáneo tanto al deslegitimado gobierno de NMM como a la MUD en razón al desequilibrio emocional que propicia el soterramiento de agendas particulares en acción “inconveniente que no nos ayuda en nada en este momento, y por lo tanto “deben repensar” su actitud (plagio parcial intencional).

El malestar colectivo con implícito apoliticismo, se acrecienta ante la presencia de un país secuestrado (y una cúpula de poder “auto-secuestrada”) y convertido en narco Estado donde las instituciones políticas se encuentran influenciadas por el narcotráfico y muchos funcionarios gubernamentales (y militares) son al mismo tiempo miembros de las redes del tráfico de drogas narcóticas ilegales, que luego legitiman sus fechorías con un universo de testaferros y de cooperantes financieros encubiertos, hasta emerger un  Estado fallido (país signado por el  fracaso social, político y económico, inducido por un gobierno ineficaz que muestra altos niveles de corrupción y criminalidad).

Reflexión final: Nos limitamos a expresar un QUÉ debemos hacer: imponer un sistema electoral que  fije las reglas según las cuales los electores expresarán sus preferencias políticas mediante el voto sin que sean manipulados para desviar su voluntad. El CÓMO por su parte, ha de emanar de una estrategia de doble entrada: (1) Dejar de lado el soterramiento partidista y personal; y (2) Iniciar de inmediato la recopilación metodológica de todas las trampas que han propiciado históricos fraudes no demostrables, en aras de tratar de impedir su repetición sin caer en una ilusión de cambio ético y moral por parte del totalitarismo. ¡¡El resto lo hace el pueblo!!

Economista Jesús Alexis González

22/Oct/2017

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