Archivos de la categoría Injerencia Humanitaria

Injerencia Humanitaria en tránsito a la CPI

Jesús Alexis González
Jesús Alexis González

Iniciemos por identificar un marco de definiciones: Ayuda Humanitaria: Hace referencia a una asistencia diseñada para salvar vidas, aliviar el sufrimiento y mantener y proteger la dignidad humana, en prevención o en situaciones de emergencia y/o rehabilitación. Es de acotar, que para la ONU una ayuda se clasifica como humanitaria cuando cumple con los principios de humanidad (el sufrimiento humano debe ser atendido dondequiera que se encuentre, teniendo como objetivo proteger la vida y la salud de los seres humanos), imparcialidad, independencia operativa y de neutralidad; bajo tres grandes categorías: emergencia, reconstrucción y prevención de desastres.


Injerencia Humanitaria: Hace referencia a la intervención en un Estado soberano por uno o varios Estados u organizaciones internacionales mediante la fuerza armada y sin su consentimiento, con el objetivo de proporcionar a la población civil protección ante la violación masiva y sistemática de sus derechos humanos, o bien ante situaciones de emergencia derivadas de hambrunas, entre otras causas. Sea pertinente resaltar, que la Intervención Militar Humanitaria se refiere específicamente a las acciones armadas.


En tal contexto, la Organización de las Naciones Unidas (ONU)  consagra la realización de la cooperación internacional en la solución de problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario, y en el desarrollo y estimulo del respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales; y a tales fines asumió el denominado “Derecho de Injerencia Humanitaria” mediante el cual la Comunidad Internacional por medio de organizaciones o un Estado (s), puede asumir en determinadas circunstancias la defensa de los derechos humanos por encima de la soberanía de los Estados, sin que los gobiernos de esos países puedan ampararse en la excusa de que se trata de asuntos internos.  En fin, la Injerencia Humanitaria facilita la protección de la población civil en conflictos internos, violaciones sistemáticas de derechos humanos, hambruna y en conflictos armados.
Sigue leyendo Injerencia Humanitaria en tránsito a la CPI

Venezuela en ruta al civilismo

Jesús Alexis González
Jesús Alexis González

El civilismo, ha de entenderse como una doctrina política según la cual el gobierno de la Nación debe estar encomendado a personas civiles, a la luz de un régimen político inspirado y dirigido por individuos elegidos por el pueblo sobre quien reside la soberanía, sometiéndose al derecho y respeto de las libertades. A tenor de ello, una dictadura, aunque sea ejercida por civiles, no constituye un régimen civilista porque no está sometida a las normas constitucionales y legales del Estado.

El militarismo, por su parte, hace referencia a la preponderancia de los militares y de la doctrina militar en el desenvolvimiento de la Nación, con relevante influencia en la política del Estado en una clara desviación del recto sentido de lo militar al punto de perfilar un sistema político militar.

En lo especifico del caso venezolano, desde el año 1821 los militares impusieron su peculiar y distintivo rasgo en pro del control de los gobiernos, hasta el año 1958 (137 años después) cuando se da inicio a un período civilista al subordinarse constitucionalmente la estructura militar al poder civil; situación que fue interrumpida en la Constitución del año 1999 (bajo la influencia de Hugo Chávez) cuando se regresa al militarismo al concederle jerarquía militar al Presidente de la República en la condición de Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional, a la luz del Artículo 236 constitucional en cuanto a las Atribuciones del Presidente o Presidenta de la República, al establecer en su ordinal 5: “Dirigir las Fuerza Armada Nacional en su carácter de Comandante en Jefe, ejercer la suprema autoridad jerárquica de ellas y fijar su contingente”.

Es de resaltar, que Hugo Chávez Frías al momento de tomar juramento como Presidente de la República en 1999 irrespetó la Constitución en su Artículo 328: “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política (…)” cuando cambió la tradicional expresión de Patria o Muerte por Patria, Socialismo o Muerte; la cual repitió el 30/01/2005 en la ciudad de Porto Alegre, Brasil al señalar la necesidad del socialismo para trascender el capitalismo, e inició tal pretensión bajo el indefinido y amorfo Socialismo del Siglo XXI. Tal “desobediencia constitucional”, la asumió como propia el hoy saliente usurpador Nicolás Maduro (ante las ilegítimas e ilegales elecciones del 20M 2018) cuando en el funeral de Hugo Chávez en 2013 gritó: “La batalla continúa, ¡Chávez vive, la lucha sigue!” (la cual repetía en la mayoría de los actos protocolares); todo ello con el agravante que de igual modo se convirtió en un saludo militar, muy especialmente por parte del denominado Alto Mando Militar: “Independencia y patria socialista. Viviremos y venceremos. Chávez vive, la lucha sigue”.

Resulta pertinente acotar, que la Fuerza Armada Nacional Venezolana está integrada (febrero 2019) por 25 Dependencias con un total de 344 Cargos, donde los entes con transversalidad militar suman 9 (36% del total) conformadas con 171 cargos (49,7% del total); mientras que las De- pendencias de Apoyo y de Servicios suman 16 (64% del total) estructuradas con 173 cargos (50,3% del total). En el primer grupo se observa, que el Alto Mando Militar está conformado con 15 cargos (4,4% del total, 8,8% del grupo); mientras que en el segundo grupo se destaca la preponderancia, tanto de la Dirección General de Empresas y Servicios estructurada con 29 cargos(8,4% del total, 16,8% del grupo), como de la Universidad Militar Bolivariana organizada con 38 cargos (11,1% del total, 21,9% del grupo).

Por otra parte, es sabido que una República en su condición de Nación ha de estar sustentada en un régimen democrático integrado por ciudadanos y dirigido por civiles a cuyas órdenes debe encontrarse la estructura militar; siendo de manifiesta obviedad que un régimen militar no puede ser democrático habida cuenta de su naturaleza autoritaria basada en la obediencia debida; más aún para el caso venezolano ya que la Constitución establece en su Artículo 2: “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna (….) la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”; e igualmente en su Artículo 6: “El gobierno de la República Bolivariana de Venezuela (….) es y será siempre democrático, participativo, electivo, descentralizado, alternativo, responsable, pluralista y de mandatos revocables”.

A tenor de los señalamientos precedentes, se desprende que el militarismo no puede instituirse como un árbitro del acontecer político, tal como el Alto Mando Militar, nuevamente, actuó en enero/18/2019 al declarar su “irrestricto apoyo” a un nuevo mandato del usurpador, quien en cómplice reciprocidad continuamente señala: “La revolución bolivariana es militar”. Ese “armonioso desenvolvimiento”, en mucho responde,se infiere, al deseo de la cúpula militar por mantener sus elevadas cuotas de poder económico (Zona Económica Militar) y político que han acumulado durante el “proceso revolucionario” (¿?) chavista – madurista.

Reflexión final: Apenas se instale el gobierno de transición, se hará obligante reinstitucionalizar la Fuerza Armada hasta deslastrarla de su actual condición de “partido político”.

Economista Jesús Alexis González

10/febrero/2019

Venezuela, otra Navidad bajo el desmembramiento familiar

Jesús Alexis González
Jesús Alexis González

De inicio, ha de afirmarse que el flujo migratorio de los últimos cinco años es ¡incalculable!, aun cuando las cifras oficiales de la Organización Internacional de las Migraciones (OIM) reflejan que entre 2015-2017 el flujo migratorio creció cerca de un 11% al pasas de 700.000 a 1,5 millones, al tiempo que otras instituciones estiman un flujo global 2015-mediados 2018 de un 15% equivalente a más de 2 millones, mientras que la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) calculó que para junio 2018 el éxodo se situó en unos 2,3 millones , e igualmente The Ecconomist presentó una cifra cercana a los 4 millones; frondosidad de estimaciones a las cuales debe añadirse una altísima cantidad de venezolanos de doble nacionalidad que “viajaron” a un país destino bajo la figura de turistas donde pueden permanecer legalmente. A tenor de lo indicado, resulta por demás evidente (ante la disparidad de estimaciones) la dificultad que implica calcular, numéricamente, el tamaño del desmembramiento a la luz de la separación de los miembros de la familia. Sigue leyendo Venezuela, otra Navidad bajo el desmembramiento familiar